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22 de agosto de 2019
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Paula Cárdenas Giménez

Un Antiguo Establo – Revista El Mueble

«Viejo cobertizo por fuera, casa cómoda y moderna por dentro». Así presentaba la revista El Mueble, en 2019, una casa de piedra en la sierra de Gredos, en la provincia de Cáceres. El reportaje, titulado «Un antiguo establo», recorría la Finca en Extremadura, la rehabilitación de ÁBATON con muebles de BATAVIA.

El punto de partida fue una construcción agrícola abandonada, sin electricidad ni agua corriente. El propósito, transformarla en una casa de campo familiar sin romper el pacto que aquel edificio había sellado con el lugar. La ficha del proyecto lo formula como una no intervención en el territorio, que reconoce la preexistencia como una sabia posición del ser humano en la naturaleza.

Antiguo establo de piedra con grandes portones de madera abiertos y luz cálida en el interior, en Cáceres

La inteligencia de lo existente

Antes de dibujar nada, el estudio miró el establo: su orientación al sur, su posición al abrigo de la sierra, su forma de asentarse en la ladera. Reconoció en aquella arquitectura rural una pieza más inteligente de lo que parecía, y decidió repetir su volumen y sus materiales. Por fuera, la casa sigue siendo lo que fue: muros de mampostería, una cubierta a dos aguas, una chimenea de piedra y grandes portones de madera sobre bastidores de hierro que, al abrirse al anochecer, dejan ver un interior encendido como una linterna.

Por dentro, todo cambia. Se construyó un gran espacio central para el salón y la cocina, abierto de norte a sur, y a su alrededor se ordenaron las habitaciones. Los muros de carga se sustituyeron por esbeltos pilares metálicos, y el interior ganó ligereza. Los materiales son pocos y básicos, como enumeraba la propia revista: agua, hierro, cemento y la piedra original.

Collage de cocina blanca, comedor y estar con chimenea en la reforma del antiguo establo, revista El Mueble

Abrir la casa al valle

«¿La clave de su reforma? Abrir toda la vivienda al valle», escribía El Mueble. Ningún interior se priva de las vistas: el espacio central se abre por completo y borra el límite con el exterior. En la cocina de la finca, una isla blanca y longitudinal recorre el espacio como una mesa de trabajo, y desde ella se ve el valle a un lado y el bosque al otro.

El mobiliario procede de BATAVIA, que pudo desplegar aquí su mezcla de diseño del siglo XX, piezas vintage del norte de Europa y antigüedades de Asia. En el salón, una pareja de butacas danesas de Hans J. Wegner, una mesa baja china de olmo y el sofá Air de Sancal; en la cocina, las sillas CH24 que Wegner diseñó para Carl Hansen & Son. Butacas escandinavas de los años cincuenta junto al fuego, señalaba la revista, «igual que el resto de los muebles», de BATAVIA.

Página de El Mueble con un dormitorio de contraventanas y la piscina junto a la casa de piedra de Ábaton

El agua de la sierra

El reportaje empezaba hablando del silencio, o mejor de lo que se oye cuando todo calla: el agua que cae gota a gota en la alberca, el viento, un ladrido lejano. El agua es aquí material de proyecto. En el patio, una fuente recibe la que baja de la sierra y brota de una roca, refrescando la estancia principal en los meses de calor. Una de las antiguas terrazas de cultivo se convirtió en alberca, una piscina natural por la que el agua corre de manera constante antes de servir de riego para los pastos.

La energía también sale del lugar. Paneles solares con acumuladores abastecen la casa en verano, y en invierno lo hacen unas turbinas instaladas en el cauce de dos arroyos que atraviesan la finca. El proyecto recibió el premio A+ de Architizer en 2013, en la categoría Architecture + Sustainability, y fue finalista de los premios Domus Restauro e Conservazione. La historia completa de la obra se cuenta en la reforma de un establo por ÁBATON.

Ficha