
Cocina de la Finca en Extremadura
- Proyecto ÁBATON
- Fotografías de Belén Imaz
Donde hoy está la cocina hubo un establo. En la Finca en Extremadura, al abrigo de la sierra de Gredos, rehabilitamos aquella construcción de piedra conservando su volumen y sus muros, y en el gran espacio central instalamos el salón y la cocina, compartiendo techo a dos aguas y chimenea. La cocina heredó así lo mejor del edificio: la altura, el grosor de los muros y la antigua portalada de piedra con contraventanas de madera, que sigue siendo una de sus entradas.
Dentro, nuestra intervención es mínima y precisa. Sustituimos los muros de carga por esbeltos pilares metálicos, y eso permitió una isla longitudinal, blanca y continua, que recorre el espacio como una mesa de trabajo para muchos. A su lado, una larga mesa de obra con sillas de madera y una barra de piedra y madera con asientos de enea, junto a la mampostería vista. Tres sitios para sentarse, uno detrás de otro: una cocina pensada para reuniones grandes, las de una casa de campo en la que se cocina para todos.
La paleta es de pocos materiales y ninguno disfrazado: la piedra existente, hierro, cemento, madera, y un mobiliario panelado en tonos neutros, empotrado en los muros para no competir con ellos. Las luminarias colgantes, alineadas sobre la isla, marcan la longitud del espacio sin añadir ruido.
El espacio se abre de norte a sur: desde la isla se ve el valle a un lado y el bosque al otro, enmarcado en un hueco de la fachada. En verano, la fuente del patio, donde el agua brota de la roca, refresca el aire que entra. La casa no tenía electricidad ni agua corriente; hoy funciona con paneles solares y dos turbinas en los arroyos de la finca. Cocinar aquí es cocinar con la energía del lugar.






