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2 de agosto de 2009
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Eva Espada Rebollo

Centro de Estudios Hidrográficos, Miguel Fisac

A orillas del Manzanares, en el paseo Bajo de la Virgen del Puerto, el Centro de Estudios Hidrográficos se presenta como una lección de economía material. Es uno de los edificios más singulares y carismáticos de la larga trayectoria del arquitecto Miguel Fisac (Daimiel, Ciudad Real, 1913 – Madrid, 2006), y uno de los primeros intentos de proponer el hormigón armado como único material constructivo, dentro y fuera, en una época en la que los edificios institucionales todavía se vestían de granito.

El proyecto plantea dos edificios independientes, comunicados solo por un pasillo en la primera planta: los organismos a los que se destinaba compartían un objetivo común, pero sus funciones eran muy diferentes. Un volumen para pensar y otro para ensayar; un edificio de despachos y una gran nave donde el agua se pone a prueba.

Centro de Estudios Hidrográficos de Miguel Fisac en blanco y negro: fachada, techos de vigas y auditorio

Un encargo para dos instituciones

En 1960 Fisac recibió el encargo de reunir en un mismo conjunto dos organismos hasta entonces separados: el Centro de Estudios Hidrográficos y el Laboratorio de Hidráulica. Los primeros croquis son de marzo de ese año y el proyecto quedó cerrado en noviembre. El edificio se inauguró en julio de 1963, con José María Pliego como calculista. El propio arquitecto describió así el programa:

«Un edificio principal, de siete plantas, destinado a despachos de dirección,trabajo de ingenieros, ayudantes y personal auxiliar, sala de juntas, auditorio y aula de coloquios, una gran nave de modelos y otras dos más pequeñas para túnel de cavitación, ensayos especiales y ensayos de máquinas, forman el núcleo principal del trabajo que se desarrolla en el laboratorio de hidráulica. El conjunto se completa con un edificio de dos plantas para despachos auxiliares de técnicos, talleres, cafetería, vestuario y comedor de obreros, a los que se adosa otro edificio, también de dos plantas, para Reología y vivienda para guarda-conserje» Miguel Fisac (Informes de la construcción nº 157, Instituto de Eduardo Torroja).

Centro de Estudios Hidrográficos de Miguel Fisac en Madrid, fachada acristalada tras plátanos de sombra
detalle de la fachada

Los huesos de la nave

El corazón del conjunto es la nave de modelos: unos dos mil metros cuadrados diáfanos, de ochenta por veintidós metros, donde se reproducen a escala presas, cauces y puertos. Para cubrir esos veintidós metros sin apoyos intermedios Fisac ideó una de sus piezas más célebres, la viga-hueso, un elemento prefabricado de hormigón, de sección hueca, cuyo perfil recuerda a una estructura ósea; de ahí el nombre. Aquí se emplearon por primera vez, y su forma resolvía tres problemas a la vez: salvaba la luz, dejaba entrar una luz natural indirecta y homogénea, adecuada para los ensayos, y conducía el agua de lluvia fuera de la cubierta.

Es una idea que define a Fisac: la búsqueda obstinada de la pieza que lo resuelva todo, estructura, iluminación y desagüe, en un solo gesto. Desde abajo, las vigas forman un techo rítmico, casi orgánico, que filtra la claridad como lo haría un bosque de costillas. Con los años la cubierta sufrió filtraciones y acumulaciones de agua, y en 1995 las piezas originales se sustituyeron por vigas continuas de hormigón pretensado, con más pendiente pero con la misma modulación visual.

Centro de Estudios Hidrográficos de Fisac: fachada de bloque, bancos de hormigón y bóveda de vigas

Hormigón con memoria de madera

La concepción arquitectónica es sencilla pero formal, de gran expresividad estructural. El hormigón visto conserva las vetas de los encofrados de madera, de modo que cada muro lleva impresa la huella del molde que lo hizo posible. Frente a esa rudeza, el interior se templa: el vestíbulo tiene un suelo de mármol de piezas de distintas dimensiones, las paredes se revisten con paneles de madera y Fisac diseñó también molduras de techo y buena parte del mobiliario de despachos y salas de conferencias, que convive con piezas de Mies van der Rohe y Harry Bertoia.

Esa honestidad del material, que años después se asociaría a la estética brutalista, emparenta el edificio con otras obras que hacen del hormigón un lenguaje propio, de las estaciones «brutales» de la línea 9 de Barcelona a la tradición que se recorre en Portugal y hormigón.

Un edificio que sigue trabajando

Desde su inauguración, el Centro de Estudios Hidrográficos se ha utilizado para los mismos fines para los que fue proyectado, adecuando sus instalaciones a las nuevas exigencias tecnológicas. En 1969 José Antonio Torroja lo amplió con una estructura tridimensional de acero enlazada con la nave por el sur. Las vigas de la marquesina de acceso se repararon tras el golpe de un camión, y las ventanas originales se cambiaron por vidrios de espejo después de un atentado en las inmediaciones. Aun así, el carácter del conjunto permanece intacto. En 2003, cuarenta años después, Fisac volvió a visitarlo y dejó escrito que se sentía muy emocionado al ver cómo se cuidaba su edificio.

Hoy, con el río convertido en parque y atravesado por pasarelas como la de Arganzuela, el centro sigue siendo un referente de la arquitectura española de los años sesenta: un lugar donde el agua se estudia bajo una luz que el hormigón ha aprendido a domesticar.

Ficha

  • Arquitectura: Miguel Fisac Serna.
  • Cálculo de estructuras: José María Pliego.
  • Ubicación: paseo Bajo de la Virgen del Puerto, 3, Madrid.
  • Encargo y proyecto: 1960. Inauguración: julio de 1963.
  • Ampliación: José Antonio Torroja, 1969.
  • Nave de modelos: unos 2.000 m², con 22 m de luz.