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18 de agosto de 2013
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Carlos Alonso

Tres estaciones de metro «brutales» en la línea 9 de Barcelona

La línea 9 del metro de Barcelona, con 24 estaciones ya en funcionamiento, se convertirá cuando finalice su construcción en la línea subterránea más larga de Europa, con casi 48 km de recorrido.

Escalera fija entre dos escaleras mecánicas bajo lámparas industriales en una estación de la L9 de Barcelona

Escalera mecánica junto a un muro de hormigón rugoso en una estación de la línea 9 de Barcelona

Esta singularidad tenía que reflejarse en su arquitectura y así lo ha reconocido este mismo año el jurado de los premios FAD, que ha elegido como mejor proyecto de Interiorismo 2016 las estaciones de Europa Fira, Parc Logístic y Mercabarna. El trío ganador es obra del estudio catalán de arquitectura Garcés De Seta Bonet, que apostó decididamente por el brutalismo arquitectónico.

Acceso a andenes de la L9 de Barcelona con escaleras mecánicas a ambos lados de un muro oscuro

Su planteamiento parte de una propuesta más geológica que edificada, al aprovechar las condiciones asociadas a una obra subterránea con el mínimo de medios. Su objetivo era usar el menor número posible de materiales en la obra civil, reduciéndolos hasta los estrictamente necesarios.

Vestíbulo diáfano de hormigón visto en una estación de la línea 9 del metro de Barcelona, con barandillas metálicas

Vigas de hormigón cruzando el gran pozo de una estación de la L9 de Barcelona, vistas desde arriba

Así pues, emplearon como elementos decorativos los propios forjados de hormigón visto, amplios revestimientos con planchas metálicas, grandes paneles de aislamiento acústico unidos al hormigón en los techos, pisos de baldosa y bancos prefabricados. Incluso en los muros pantalla vistos se tuvo en cuenta la notable irregularidad de la superficie del hormigón fraguado in situ como medio para intentar desanimar a los grafiteros.

Banco corrido de hormigón ante un muro de pantalla rugoso en un andén de la L9 de Barcelona

Este rudo interior, en el que destaca sobremanera el mobiliario característico del metro barcelonés (máquinas expendedoras, tornos, señalización), se completa con barandillas y pasamanos de metal, luces industriales en diferentes diseños y ascensores de cristal.

Vista cenital de escaleras y pasarelas que descienden por el pozo de una estación de la L9 de Barcelona

Vestíbulo de estación de la L9 de Barcelona con pilares de hormigón, mostrador rojo y lámparas colgantes

Además, el proyecto requería la incorporación de puertas de andén para cerrar el acceso a las vías, que se han logrado integrar como un elemento positivo en la composición general, evitando la sensación de un añadido posterior.

Andén de la L9 de Barcelona con pilares cilíndricos de hormigón y puertas de cristal junto a la vía

Según sus arquitectos, el proyecto puede interpretarse como una intervención atemporal, no sujeta a los materiales o tendencias de moda en la época de su construcción, unas estaciones que envejecerán bien y que son fáciles de mantener.

Escalera con barandilla metálica junto a muros de hormigón sin revestir en la línea 9 de Barcelona

También puede leerse como un plan de acción para controlar cada uno de sus espacios integrantes: accesos, vestíbulos, andenes y todo el perímetro, o bien como una estrategia para llevar la mayor cantidad de luz natural al interior de las estaciones.

Pasillo largo de una estación de la L9 de Barcelona con luz lineal en el techo y paneles rojos de señalización

El resultado, aunque estimulante, se enfrenta a la percepción por parte del público de la austeridad conceptual del brutalismo. Algo que pueden no entender algunos de los usuarios de la línea naranja, para los que las tres estaciones siempre estarán por acabar.

Fotografías Garcés De Seta Bonet