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17 de septiembre de 2026
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Paula Cárdenas Giménez

Zaishui: el museo que emerge del agua

  • Arquitectura: junya ishigami + associates
  • Fotografía: arch-exist

Un conjunto de pabellones de baja altura que emerge del paisaje acuático del sur de China. junya ishigami lleva al límite su idea de una arquitectura sin contornos: el Museo de Arte Zaishui es un lugar que se recorre, no que se contempla.

La obra de junya ishigami ha explorado durante décadas los límites entre lo construido y lo natural, entre la estructura y el espacio, entre la presencia y la ausencia. El Museo de Arte Zaishui, situado en China, lleva esa búsqueda a una nueva dimensión: un edificio que parece haber brotado del paisaje por sedimentación, no por voluntad proyectual. Las cubiertas bajas, irregulares y fragmentadas se extienden sobre el terreno como una serie de placas tectónicas en reposo, sugiriendo que el arquitecto no tanto diseñó como encontró.

El emplazamiento —inundado de historia y de agua— impone su lógica desde el primer momento. Los volúmenes del museo responden a esa presencia líquida no como obstáculo, sino como razón de ser. Los reflejos, las láminas de agua entre los pabellones, los recorridos que se interrumpen y retoman en función del terreno: todo habla de una arquitectura que acepta la humedad y el movimiento como parte del programa. La separación entre interior y exterior se vuelve aquí especialmente porosa.

El programa museístico se distribuye en una serie de pabellones de baja altura, cada uno con su propia escala y orientación, que generan entre sí una geografía interior de plazas, pasillos descubiertos y zonas de tránsito. La sección de cada espacio varía según la función que alberga: algunos techos ascienden casi imperceptiblemente, otros se comprimen hacia el suelo como si quisieran desaparecer en él. La elección del hormigón crudo, tratado con una rugosidad que recuerda a la piedra natural, refuerza la idea de que el museo pertenece al lugar antes que al tiempo.

Recorrer Zaishui es un ejercicio de atención. La arquitectura de ishigami no suele declararse; se va desvelando mediante la sucesión de vistas parciales, de umbrales apenas marcados y de espacios que parecen no tener nombre. Las fotografías de arch-exist capturan esa cualidad con notable precisión: la luz que rasga los techos, las figuras que se mueven entre los pabellones sin saber bien dónde empieza uno y termina otro, el agua que no distingue entre el jardín y la sala de exposición. Un museo pensado para quien está dispuesto a perderse.