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8 de noviembre de 2009
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Carlos Alonso

MUSEO ORDOS

En la llanura de Mongolia Interior, al norte de China, el Gobierno Municipal de Ordos encargó en 2005 a MAD Architects el museo que debía presidir su nueva ciudad, trazada en un plan maestro sobre un territorio que aún no era más que arena y viento. El estudio de Ma Yansong, Yosuke Hayano y Dang Qun respondió con una forma que no pertenece del todo a ningún lugar: una gran cúpula de metal pulido, redondeada y ondulante, que parece haberse posado sobre el desierto en lugar de haber crecido de él.

El museo se entiende como una extensión del espacio urbano y, a la vez, como su contrapunto. Mientras a su alrededor se levantaba una ciudad racional, ortogonal y rápida, MAD quiso un edificio que protegiera la historia cultural de la región frente a ese crecimiento, una carcasa capaz de guardar memoria en medio de lo recién construido. Ma Yansong lo describió como un objeto muy abstracto, aterrizado en el desierto, antes que una cita literal de la cultura local.

Piel curva de lamas metálicas doradas del Museo Ordos vista en escorzo bajo un cielo despejado
Museo Ordos de MAD Architects, un volumen curvo de lamas metálicas posado sobre una explanada de piedra en pendiente
Volumen redondeado de lamas broncíneas del Museo Ordos sobre una base de piedra, con la entrada iluminada

Una cúpula sobre las dunas

La referencia confesada es Buckminster Fuller y su cúpula sobre Manhattan de 1960: una bóveda que envuelve y resguarda. Aquí la bóveda se ablanda. La piel exterior, formada por lamas de metal pulido de tono broncíneo, ondula sin aristas y protege el interior de los inviernos duros y de las frecuentes tormentas de arena de la región. Cuando el sol la toca, el edificio deja de ser volumen para volverse reflejo: devuelve el cielo, la piedra, el polvo dorado del aire.

Debajo, una plaza de superficies inclinadas recuerda las dunas que la ciudad vino a sustituir. El museo no se apoya sobre un zócalo convencional, sino sobre un paisaje reconstruido, como si el desierto hubiera quedado en suspenso bajo la cúpula. Es una idea emparentada con la de otros museos que se dejan leer como accidentes del terreno, como el que reseñamos en un museo que parece dibujado en el paisaje.

Gran lucernario ovalado sobre un vestíbulo revestido de madera con bancos curvos en el Museo Ordos
Vista aérea del Museo Ordos, volumen metálico ondulado con un ventanal ovalado en un extremo

Un cañón bañado de luz

Al cruzar la entrada, la carcasa metálica cede paso a otra cosa. El visitante llega a un atrio monumental que tiene algo de cueva y algo de cañón, inundado de luz natural que cae desde lo alto a través de las claraboyas. Un gran vacío central separa las salas de exposición y las atraviesa; puentes ligeros lo cruzan de un lado a otro, y la luz cambiante es la que orienta el paso. Los vecinos pueden recorrer el fondo de ese cañón para atravesar el edificio sin entrar en las exposiciones, de modo que el museo funciona también como calle cubierta y lugar de encuentro.

El interior, conformado por distintos niveles, se aleja aún más de la realidad urbana para construir un espacio orgánico. Lo definen paredes blancas y curvilíneas en las que se abren amplios poros que comunican las distintas estancias. Las salas se alojan en volúmenes menores, de contornos blandos, unidos por pasarelas. Hacia el sur, un jardín interior da luz a las oficinas y a los espacios de investigación del personal. Nada es recto, nada es definitivo: la arquitectura parece moldeada por el viento antes que por el compás, en una línea que recuerda a la tradición del diseño orgánico de Eero Saarinen.

Hueco ovalado abierto en un muro blanco curvo del atrio del Museo Ordos, con luz natural rasante
Paredes blancas curvas del Museo Ordos iluminadas por franjas de luz cenital que entran por rendijas
Interior blanco y ondulado del Museo Ordos con grandes arcos curvos y una pasarela con barandilla de vidrio

Una ciudad que aún no existía

El museo se terminó en otoño de 2011. Ordos era entonces un experimento urbano a gran escala, y la arquitectura contemporánea había llegado a la región también por otras vías: en 2008 el artista Ai Weiwei impulsó Ordos 100, un proyecto de cien villas aisladas encargadas a cien arquitectos de todo el mundo, seleccionados con Herzog & de Meuron. Frente a aquella colección de casas, el museo de MAD se plantea como un gesto colectivo, un lugar donde la comunidad se reúne y descansa.

Quizá por eso su forma resulta tan ambigua. Es refugio y es espejo; viene de Fuller y mira hacia un futuro que entonces aún no tenía habitantes. Entre el cemento de la ciudad nueva y la arena del desierto, la cúpula de Ordos ocupa el lugar intermedio de lo que todavía no se ha decidido. Las fotografías de Iwan Baan, tomadas recién terminada la obra, la muestran así: brillante, casi sola, a la espera de que la ciudad la alcance. La documentación completa del proyecto puede consultarse en Dezeen.

Ficha

  • Arquitectos: MAD Architects (Ma Yansong, Yosuke Hayano, Dang Qun).
  • Promotor: Gobierno Municipal de Ordos.
  • Ubicación: Ordos, Mongolia Interior (China).
  • Encargo: 2005. Finalización: otoño de 2011.
  • Superficie de parcela: 27.760 m². Superficie construida: 41.227 m². Altura: 40 m.

Fotografías Iwan Baan