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15 de junio de 2014
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Pedro Ferrer

Wang Shu saca la historia al exterior en el Museo de Ningbo

Ahondando en el concepto de edificio-escultura, hoy hablamos del Museo de Historia de Ningbo. Cuando el arquitecto chino Wang Shu -premio Pritzker 2012- realizó los primeros esbozos, ya tenía claro que su aspecto externo iba a reflejar abiertamente la herencia de un puerto clave en el desarrollo del gigante asiático.

Museo de Historia de Ningbo de Wang Shu, volumen de hormigón y ladrillo reciclado con huecos irregulares, en China

Situada en la costa este del país, Ningbo tiene el honor de ser una de las ciudades más antiguas de China. Su pasado comercial se remonta a casi 7.000 años, así que el museo debía hacerle justicia en cuanto a dimensiones.

Vista aérea del Museo de Ningbo de Wang Shu como una masa pétrea entre parques y avenidas

Levantado en una llanura, cubre una superficie de 30.000 m2. Con una altura de 24 metros, su imponente volumen casi monolítico emerge con la fuerza de una gigantesca construcción asimétrica. Wang Shu quiso diseñarlo a la vez como una gran montaña artificial y un barco de perfiles afilados que cortan el horizonte para subrayar su ubicación geográfica, así como su tradición de comercio dentro de la ruta marítima de la seda.

Terraza de madera junto al muro de hormigón y ladrillo del Museo de Ningbo con ventanas de formas dispares

La primera planta está concebida como un todo uniforme, mientras que a partir del segundo piso el edificio comienza a desgajarse e inclinarse, aportando un dinamismo que atrae al visitante. Esta disposición permite un trazado interno de caminos, plazas, patios interiores abiertos y otras zonas públicas con escaleras de acceso y terrazas a diferentes niveles.

Callejón entre los muros inclinados del Museo de Ningbo, de textura de hormigón encofrado con listones

Rampa con pasamanos amarillo entre muros de ladrillo y piedra recuperados del Museo de Ningbo de Wang Shu

Para descargar la contundencia de estos volúmenes, las paredes exteriores se decoraron con millones de ladrillos, tejas y azulejos reciclados recogidos en la zona, una práctica común en Ningbo antes de la llegada del hormigón y que resultaba muy eficaz para hacer frente a la destrucción causada por los tifones. También se utilizó bambú recubierto con cemento, otra seña de identidad de las casas tradicionales de Jiangnan. Estos mosaicos o collages aleatorios, unidos a las estrechas ventanas, dotan a las fachadas de un aspecto fresco, colorista y vigoroso.

Fachada del Museo de Ningbo con ventanas de tamaños variados y paños de ladrillo reciclado en tonos rojizos

Cubierta transitable de madera del Museo de Ningbo entre muros de ladrillo y piedra, con el skyline al fondo

Por lo demás, la estructura principal se creó con acero y hormigón, pero al haber realizado el encofrado con cañas de bambú, este ha dejado su propia impronta. Una vuelta a la tradición mezclada con una modernidad bien entendida para un museo donde la historia local se expone tanto dentro como fuera.

Gran sala del Museo de Ningbo con techo de lamas metálicas y luz lineal sobre un mostrador de madera

Fachada de piedra y ladrillo del Museo de Ningbo con huecos de distinto tamaño y un acceso en la planta baja

Fotografía Iwan Baan