Jardín Interior – Revista Arquitectura y Diseño
En mayo de 2019 la revista Arquitectura y Diseño dedicó un reportaje, «Jardín interior», a Casa L. Su entradilla lo resumía con exactitud: ÁBATON había transformado una casa compacta de los años sesenta en una vivienda permeable, para que el jardín penetrara en su interior, y lo había hecho con guiños al mismísimo Mies van der Rohe.
No lo parece, pero es una reforma. Los propietarios querían un hogar desde el primer día, una casa que diera la sensación de haber estado siempre allí. El estudio propuso un atajo en el tiempo: partir de un edificio bien construido, con un jardín ya crecido, y transformarlo desde dentro.

Una cáscara perforada
La casa elegida tenía un jardín espléndido y un defecto evidente: su envolvente era maciza, cerrada sobre sí misma. La reforma fue, ante todo, un trabajo de vaciado. Se abrieron huecos estratégicos en la construcción original, y la revista lo explicaba con una inversión precisa: no para que la casa se asomara al jardín, sino al revés, para que el jardín entrara en las estancias. Es la misma idea que recoge la ficha del proyecto: «no buscamos que la casa se abriera al jardín, sino que el jardín se adentrara en la casa».
Por esos huecos pasan ahora la luz, las ramas y las sombras. Los grandes ventanales corridos convierten la vegetación en una pared viva del salón y del comedor; el exterior deja de ser un paisaje que se contempla para ser una presencia que acompaña.


El porche de Mies
El propietario, buen conocedor de la arquitectura y admirador de los maestros del movimiento moderno, encontró su homenaje en el porche: una larga losa de hormigón sostenida por finos pilares de hierro, a la sombra de castaños de Indias. Es el gesto miesiano de la casa, la cubierta que flota y el soporte que casi desaparece.
Bajo esa losa vive buena parte del día. La escalera principal se diseñó como parte del espacio exterior, entre escalones de piedra y plantas, y el porche longitudinal permitió que la cocina saliera fuera en lugar de quedar encerrada. «La cocina se conecta con el porche para convertirlo en un espacio exterior», titulaba la revista. El comedor exterior reúne una mesa de tableros de teca y perfiles de hierro, procedente de BATAVIA, y sillas Monceau de Fermob.


Piezas que conversan
Dentro, la paleta es clara: paredes blancas, suelos de roble, la luz del jardín como único color constante. Sobre ese fondo, el mobiliario introduce la historia del diseño del siglo XX. La cocina de Casa L, organizada en torno a una isla, se acompaña de una mesa Tulip de Eero Saarinen y sillas de Hans J. Wegner; junto a la chimenea esperan dos butacas coloniales de Ole Wanscher. En el comedor, sillas Conference de Saarinen rodean una larga mesa de nogal bajo lámparas de cobre de Jørn Utzon, frente a un ventanal abierto a los árboles.
El dormitorio principal, en la planta superior, devuelve el homenaje: una chaise longue MR de Mies van der Rohe mira hacia las copas del jardín. Junto a la escalera, un estudio con sillas de los Eames aprovecha el espacio diáfano que comunica las plantas.


La revista cerraba con una frase del estudio que explica el resultado mejor que cualquier plano: «Cuando contamos con la confianza del cliente, la creatividad se dispara». La misma casa apareció también en otro reportaje, el de Casa L en la revista AD, que leía el proyecto desde su acento brasileño.

Ficha
- Proyecto: Casa L, reforma integral de una vivienda de los años sesenta.
- Proyecto de Arquitectura: ÁBATON.
- Proyecto de Interiorismo: BATAVIA.
- Equipo ÁBATON: Jorge Porto, David Hiniesto, Javier Romero, Fernando Alonso.
- Imágenes: Carlos Muntadas Prim.
- Textos: Ana Basualdo.
- Publicación: Arquitectura y Diseño, mayo de 2019.