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19 de agosto de 2022
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Paula Cárdenas Giménez

Pabellón ROSA: un refugio mínimo entre la cueva y la nube

En un pliegue casi imperceptible del paisaje andino, el Pabellón Rosa de Pezo von Ellrichshausen se alza como una anomalía controlada. No por monumental, sino por precisa. Suspendido sobre una pequeña colina, donde el terreno interrumpe momentáneamente el curso de un río de montaña, esta estructura de hormigón pigmentado define, con apenas unos metros de altura, un nuevo horizonte artificial. Es un gesto mínimo con vocación tectónica que se inscribe con claridad dentro de la arquitectura paisajística contemporánea: aquella que no se impone sobre el territorio, sino que establece un diálogo riguroso con él.

Pabellón ROSA sobre una cima desnuda entre árboles, con las montañas al fondo, de Pezo von Ellrichshausen

Una estructura elemental y precisa

La construcción se apoya en cuatro pilares macizos, situados en el centro de cada uno de los lados de la plataforma cuadrada que conforma el proyecto. En el centro, una columna esbelta —que es también chimenea, eje y aguja de reloj solar— ordena la simetría. La estructura responde tanto a la necesidad de estabilidad estática como a las condiciones sísmicas del lugar. La solución técnica recurre a vigas cruzadas y diagonales embebidas en la losa, aportando rigidez y equilibrio sin alterar la forma.

Chimenea esbelta de hormigón sobre la cubierta del Pabellón ROSA, entre árboles otoñales

Pintura acrílica del interior del Pabellón ROSA con pilar azul, suelo naranja y el paisaje de fondo

Pintura del Pabellón ROSA en forma de cruz entre árboles morados y un prado verde

Pintura acrílica del Pabellón ROSA con un volumen turquesa en cruz, escaleras laterales y árboles

Pintura del interior del Pabellón ROSA con techo verde, chimenea central y suelo naranja

Bajo la plataforma se desarrolla una única sala comprimida, sin jerarquías ni divisiones evidentes. Un espacio continuo que se estructura en cuatro cuadrantes simétricos. Las esquinas alternan vidrio fijo con paneles deslizantes, capaces de convertir la estancia en un mirador abierto. La única pieza que irrumpe con peso es la escalera monolítica: una masa que organiza sin fragmentar. El interior no busca contener, sino multiplicar las posibilidades de habitar.

Este tipo de organización espacial, libre de programas rígidos, es una constante en la arquitectura paisajística contemporánea más experimental: una arquitectura que no encierra, sino que amplía las relaciones entre cuerpo, clima y paisaje.

Plantas del Pabellón ROSA, la cubierta con la estructura en cruz y el nivel inferior amueblado

Secciones del Pabellón ROSA con la chimenea elevada sobre la cubierta y el cuerpo semienterrado

Secciones del Pabellón ROSA que muestran la estructura central y el terreno que lo envuelve

Plano de despiece de los encofrados del Pabellón ROSA, con cinco piezas de hormigón en cruz

El tiempo como experiencia arquitectónica

En la azotea, la plataforma se transforma en terraza abierta y la chimenea central se eleva como el eje de un reloj solar rudimentario. El tiempo en el Pabellón Rosa no se mide en horas, sino en luz, sombra y presencia. La experiencia no depende del uso, sino de la relación con el entorno: del esfuerzo de llegar hasta la cima y del silencio que ofrece el lugar.

Interior del Pabellón ROSA con chimenea de hormigón central, techo oscuro de madera y vistas panorámicas

Dos butacas de lona azul en el Pabellón ROSA, frente a los montes iluminados al atardecer

Mesa y silla verdes junto al ventanal del Pabellón ROSA, con el sol poniéndose sobre las montañas

Estufa de leña encendida en el núcleo central de hormigón del Pabellón ROSA, con banco corrido al fondo

Técnica y paisaje: una relación sin artificio

El hormigón pigmentado en tonos rosados no es un gesto formal, sino una estrategia material que prolonga el paisaje sin mimetizarlo. Esta elección cromática dota al pabellón de identidad sin estridencia. Más allá de la metáfora —¿cueva o nube?—, la arquitectura se define por su capacidad de condensar lo esencial: estructura, abrigo y horizonte.

 

Pabellón ROSA visto de frente con una cruz de hormigón, cubierta plana volada y cristal que refleja el paisaje

Vista aérea del Pabellón ROSA sobre una loma boscosa, con el valle y las montañas al amanecer

Vista aérea del Pabellón ROSA en lo alto de una loma entre el bosque, con un risco al fondo

 

Una arquitectura que permite estar

Pabellón Rosa no responde a un programa funcional. Es un espacio para estar, mirar, reunirse. Una arquitectura mínima que se convierte en experiencia total. En tiempos de exceso constructivo, esta obra recuerda que a veces basta con una plataforma, cuatro pilares y una chimenea para redefinir la forma de habitar un paisaje. Técnica, pensamiento y medida: así se construyen algunas de las obras más elocuentes de la arquitectura paisajística contemporánea.

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Planta de cimentación del Pabellón ROSA con un cuadrado girado y las zapatas en las esquinas Detalles de armado de pilares y vigas de hormigón del Pabellón ROSA Planta de forjado del Pabellón ROSA con las vigas diagonales que forman una cruz estructural

Axonometría del Pabellón ROSA que muestra el esqueleto de vigas de hormigón y la chimenea

Maqueta de madera clara del Pabellón ROSA con la cubierta elevada sobre pilares y la chimenea

Dibujo en planta del Pabellón ROSA con las vigas de hormigón diagonales y la chimenea central

Axonometría dibujada a lápiz de los marcos de hormigón del Pabellón ROSA, girados entre sí