Saltar al contenido
|
16 de enero de 2017
|
Pedro Ferrer

La torsión inunda de paisaje un unifamiliar chileno

Los diseños simétricos son un clásico a la hora de proyectar unifamiliares con carácter. Permiten explorar nuevas soluciones habitacionales y sacar el máximo partido a entornos abiertos, como ha demostrado recientemente el arquitecto Cristián Izquierdo.

Casa El Peumo de Cristián Izquierdo, de madera y planta baja, entre pinos y terreno despejado en Chile

Su Casa en El Peumo, localidad chilena al sur de Santiago, parte de un diseño cuadrado cuya planta central rota hasta generar cuatro alas dispuestas en forma de molinete. Levantada sobre una meseta de arena sin construcciones vecinas, está rodeada de pinos y cipreses, llegando a verse el Pacífico a lo lejos. Así pues, esta distribución resulta ideal para obtener vistas panorámicas desde todos los rincones de la vivienda.

Interior de El Peumo con cubierta de vigas de madera en molinete, cocina con taburetes rojos y librería

La casa se construyó en madera alrededor de la habitación central cuadrada, que hace las veces de cocina, comedor y sala de estar. Cada una de sus paredes se dedica a un uso específico, albergando estanterías para libros, armarios, electrodomésticos y hasta una chimenea de hormigón. A fin de mantener intacto el vínculo con el paisaje, se instalaron puertas correderas de cristal que se ocultan tras los muros de la fachada.

Salón de El Peumo visto desde una galería de madera, con cubierta de vigas y mecedora al fondo, en Chile

Un enorme techo abovedado con claraboya preside esta área común, de la que surgen en perpendicular cuatro dormitorios en suite idénticos. Esa disposición espacial conforma, a su vez, un patio abierto rectangular en cada esquina. Todos los dormitorios cuentan con un gran ventanal en su extremo retranqueado. De esta forma, se potencia la conexión con la naturaleza que ya irradia el eje central.

Galería de El Peumo con carpintería de madera y puerta corredera que se abre a un camino de piedra, Chile

Alero de madera y cristalera de El Peumo de Cristián Izquierdo, con un sendero de losas entre grava

Los patios se relacionan entre sí a través de dicho núcleo: cuando se abren las puertas deslizantes, la sala de estar se convierte en una enorme terraza abierta que sigue sus dos diagonales. Respecto a las zonas de descanso, su aislamiento favorece tanto la ausencia de ruidos como la privacidad de sus ocupantes.

Planta de cubierta de El Peumo con los faldones de madera dispuestos en molinete, de Cristián Izquierdo, Chile Planta de El Peumo, de Cristián Izquierdo, con las estancias girando en molinete en torno a un patio central Sección de El Peumo con la cubierta a cuatro aguas de madera sobre la vivienda de una planta, en Chile Secciones longitudinal y transversal de El Peumo, de Cristián Izquierdo, con sus cubiertas de madera

Chile es un país de bordes: entre la cordillera y el océano, entre el lago y la roca. Otras dos piezas chilenas del archivo del Journal dialogan con la Casa en El Peumo desde esa misma tensión entre arquitectura y territorio.

Sauna en Ranco, de Panorama Arquitectos

En la región de los lagos, en Ranco, una roca de granito oscuro asoma en la orilla, rodeada de montañas cubiertas de cipreses. Allí, Panorama Arquitectos construyó 30 m²: una sauna, una terraza cubierta y un vestuario, cada uno con su propia orientación —hacia la roca, hacia el lago— y unidos por un recorrido norte-sur.

Dentro, madera de álamo. Fuera, roble, por su resistencia a un clima extremo que lo irá volviendo gris, como las construcciones originales de la zona.

Sauna de Panorama Arquitectos junto al lago Ranco: volumen de madera oscura con ventanal iluminado entre árboles

La sauna en lo alto de un promontorio boscoso sobre el lago Ranco, con un embarcadero de madera abajo

Sauna de Panorama Arquitectos en el lago Ranco: volumen de madera oscura sobre pilotes entre árboles

Volumen inclinado de tablas de madera oscura con abertura luminosa en la sauna de Panorama Arquitectos

Fotografías: Nicolás Valdés

La Ola, en Valparaíso

Valparaíso, cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad desde 2003, guarda solares abandonados que el colectivo Sitio Eriazo —jóvenes graduados en arte, teatro y arquitectura, reunidos en 2012— devuelve a sus vecinos. En el número 428 de la avenida Ecuador, junto al estudio noruego The Scarcity and Creativity Studio (SCS), de la Escuela de Arquitectura y Diseño de Oslo, convirtieron un erial en escenario para teatro, música y circo gratuitos.

Así nació La Ola: un anfiteatro escalonado sobre la pendiente, para unas cien personas, hecho con materiales reciclados de la zona. Un horno de barro y una parrilla acompañan los espectáculos, y la venta de pizzas y tentempiés ayuda a sostener el proyecto. SCS ya había trabajado allí en la Hospedería de las Alas (2012), un observatorio de aves sobre las dunas, y en Las Piedras del Cielo (2012), un abrigo contra el viento para comer, descansar y meditar.

Público sentado en gradas de madera de La Ola, en un solar de Valparaíso al anochecer con casas en la ladera

Espacio La Ola en Valparaíso con estructura de madera, cubierta translúcida, mesas y grafitis

Axonometrías y detalles constructivos de la grada de madera en espiral de La Ola en Valparaíso

Imágenes: The Scarcity and Creativity Studio