Piscinas: materiales, color y textura
Elegir los acabados de una piscina es una decisión más delicada de lo que parece. A la complejidad técnica del vaso se suma una variedad casi infinita de materiales, texturas y tonalidades, y cada una de ellas determina cómo el agua refleja la luz, cómo dialoga con el paisaje y cómo se integra en la arquitectura que la rodea.
Con la llegada del verano hemos reunido una selección de piscinas de algunos de nuestros proyectos residenciales. En todas ellas el agua deja de ser un mero volumen azul y adquiere matices propios según la materia que la contiene: el tono cálido del barro, la gravedad del hormigón, la permanencia de la piedra. Una misma lámina puede ser turquesa, verde o casi negra; puede espejear el cielo o absorberlo.
Acabados en barro
Si se busca un resultado auténtico, natural y sostenible, un pavimento de barro cocido aporta contraste y carácter a los espacios exteriores. Su color tostado templa el turquesa del agua y su superficie, porosa y ligeramente irregular, envejece con dignidad bajo el sol.
En las imágenes que siguen, las baldosas de barro se recuperaron de obras cercanas al territorio en el que trabajábamos, aunque existen cerámicas nuevas con un acabado similar. Ese criterio guía Villa Arena, en el litoral gaditano, donde durante la obra se buscaron materiales antiguos de construcciones de la zona para lograr un resultado menos ajeno al lugar. Allí, una terraza recogida frente a la piscina capta la luz directa del mediodía, entre pinos preexistentes, palmeras y un olivo.
Un diálogo material
En un juego material y volumétrico, la siguiente piscina forma parte de la vivienda como una extensión arquitectónica de la misma, como un espacio escultórico anexo. El agua oscura se encaja en una tarima de madera, la madera se prolonga en escalinata sobre el césped y el hormigón asoma en los peldaños. Ningún material domina: se turnan, se ceden el paso, y el vaso se lee como una habitación más de la casa, abierta al cielo y a la sombra de los árboles.
Diseños escultóricos
La piscina puede convertirse en una pieza casi escultórica si se proyecta como un espacio protagonista en el exterior. Los acabados continuos —morteros, microcementos, hormigones— borran juntas y aristas, de modo que el vaso se percibe como un solo volumen tallado; las piezas cerámicas de pequeño formato, en cambio, dibujan una trama que el agua deforma con cada ondulación.
En el Proyecto PC, Casa de las encinas, el salón se abre por completo hacia la piscina y hacia una pradera orientada al sur, que recoge la mejor luz durante todo el año. La casa aprovecha la inercia térmica del hormigón como sistema estructural principal, y esa misma materia contiene aquí el borde del agua: un muro grave y sereno frente a la ligereza de la lámina.
Piscina infinita
Acabada en piedra natural, un material duradero, fácil de integrar en contextos muy distintos y capaz de mantener una lectura natural sin perder precisión constructiva.
En contacto visual con el mar cercano, su borde infinito disuelve el límite entre la lámina y el horizonte: al atardecer, el agua de la piscina y la del mar parecen la misma. Es una idea que también explora el Proyecto AT, en Menorca, donde la cocina exterior conecta con una piscina infinita que «vuela» sobre el mar.
Más que una piscina: recorridos exteriores
En el siguiente diseño, la piscina actúa, más que como un espacio meramente útil, como un recorrido escultórico que conecta los espacios interiores con los exteriores. Desde el dormitorio principal, el agua se despieza en láminas a distintas alturas que generan un juego volumétrico hacia el jardín: un canal estrecho bajo un pino piñonero, un estanque elevado, una superficie somera que refleja los troncos. Caminar junto a ella es atravesar la casa por fuera.
Piscinas recuperadas
Cuando trabajamos sobre una construcción preexistente, a veces encontramos elementos que aportan un valor adicional a la vivienda. No hace falta inventarlos: basta con saber mirarlos.
En la Finca en Extremadura, un antiguo establo de la provincia de Cáceres convertido en casa de campo al abrigo de la sierra de Gredos, una de las terrazas de cultivo se transformó en alberca. Su función seguía siendo el riego de los pastos; ahora es, además, una piscina natural por la que corre el agua de manera constante y un espacio para compartir en el exterior. La piedra existente, el agua y el prado bastan para construir el lugar.
Una selección de piscinas capaces de transformar la percepción de un jardín, en la que cada acabado responde a una razón práctica y, a la vez, a una manera de mirar el agua.
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