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15 de octubre de 2017
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Pedro Ferrer

Mimetismo ecuestre en la sierra argentina de Córdoba

El tándem creativo formado por los argentinos Joaquín Alarcia y Federico Ferrer se caracteriza por un respeto absoluto al medio natural. Esta pasión por el entorno les ha llevado, por ejemplo, en la Casa BS a acomodar su arquitectura con el fin de preservar todos los árboles de un pequeño bosque autóctono, integrando alguno de ellos en patios interiores.

Caballerizas CaRaJo de madera y piedra camufladas entre pinos y pasto en la sierra de Córdoba, Argentina

Una premisa tan interiorizada en su práctica habitual tiene también su reflejo en los pequeños encargos, como las Caballerizas CaRaJo. En este caso, se establece un diálogo directo con la naturaleza circundante, de la que toman los materiales y con la que se mimetizan.

Vista aérea de las Caballerizas CaRaJo entre pinos secos y un muro circular de piedra en la sierra de Córdoba

Caballerizas CaRaJo con cubierta inclinada de madera sobre un zócalo de piedra entre pinos

Ubicadas en la localidad argentina de Potrero de Garay –en plena sierra cordobesa– y con una superficie construida de 152 metros cuadrados, se nutren del paisaje de manera muy poco invasiva. Un programa básico de establos individuales y vanos juega con la importancia del vacío a la hora de permear el horizonte a su través.

Fachada longitudinal de las Caballerizas CaRaJo con cubierta quebrada entre pinos de la sierra cordobesa

Frente de las Caballerizas CaRaJo con puertas de madera tras un muro bajo de piedra seca

La construcción se ancla a la montaña mediante una base de bloques de hormigón, revestida de sólidos muros de mampostería en sus costados. Su disposición en V permite ligar uno de sus extremos con la cota más alta del relieve rocoso para dar impresión de continuidad. Así mismo, el material replica las paredes de piedra del cercano huerto semicircular, lo que contribuye a uniformar también el paisaje humano.

Cubierta vegetal de las Caballerizas CaRaJo vista a ras entre rocas sobre la ladera

Los diferentes volúmenes que conforman los cuatro establos individuales son entramados de madera que se fijan a la base de hormigón mediante uniones metálicas. Además, un quinto módulo construido con piedra local alberga el pequeño almacén donde guardar las sillas de montar y los demás arreos para los caballos.

Esquina de las Caballerizas CaRaJo con muro de piedra y cubierta oscura sobre la ladera de la sierra

Cabe destacar la especial importancia que cobra en el proyecto la cubierta sobreelevada: en lugar de servir de apoyo, las vigas parecen alzar un tejado casi plano (solo un 2 % de pendiente) revestido de chapa acanalada. Una vez más, la presencia de espacios vacíos aligera la obra y deja que el entorno natural atraviese las caballerizas. Semiocultas por la extensión arbolada, se integran de forma impecable en el perfil de la ladera.

Caballo en su box de la cuadra con estructura de acero y cerramiento de chapa de las Caballerizas CaRaJo

Cuadras de paneles de acero corten bajo una cubierta ligera junto a un muro de piedra en las Caballerizas CaRaJo

Detalle constructivo de la fachada de las Caballerizas CaRaJo con cimentación, muro de piedra y cerramiento Plano de planta de las Caballerizas CaRaJo con sus módulos alineados sobre las curvas de nivel de la ladera Sección longitudinal y secciones transversales de las Caballerizas CaRaJo ancladas a la ladera Sección longitudinal y secciones transversales de las Caballerizas CaRaJo ancladas a la ladera Detalle constructivo de la fachada de las Caballerizas CaRaJo con cimentación, muro de piedra y cerramiento

Al otro lado del Atlántico, en México, el Centro Hípico de Cuernavaca resuelve un programa ecuestre muy similar integrando sus tres niveles en la topografía de un antiguo bosque de pinos.