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Volumen blanco de Ses Clotades entre sabinas y olivos, bajo el pinar de Formentera
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29 de octubre de 2026
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Paula Cárdenas Giménez

Ses Clotades: umbral entre el pinar y la luz

  • Arquitectura: Marià Castelló / Lorena Ruzafa
  • Fotografía: José Hevia

En el extremo sur de Formentera, entre el pinar mediterráneo y las dunas que lindan con el Mediterráneo, Ses Clotades es una vivienda que interroga los límites entre interior y exterior. Firmada por Marià Castelló y Lorena Ruzafa, la casa se asienta sobre una plataforma de hormigón y articula dos volúmenes principales mediante un pabellón acristalado central. Un proyecto de geometría precisa y sensibilidad climática, donde la piedra, el textil y la luz definen el carácter de cada espacio.

En el extremo sur de Formentera, donde la vegetación de pinar mediterráneo se detiene ante las dunas que lindan con el mar, Ses Clotades se asienta sobre una plataforma de hormigón que establece un diálogo honesto con el territorio. El proyecto, firmado por Marià Castelló y Lorena Ruzafa, parte de un gesto preciso: definir un basamento artificial que eleva la vivienda del suelo natural sin imponerse sobre él.

Desde esa plataforma emergen dos volúmenes compactos, articulados entre sí por un pabellón acristalado central que actúa como espacio de transición. Este núcleo transparente recoge y distribuye la luz, conecta los interiores con el exterior y organiza la secuencia de espacios de manera fluida. La casa no se entiende como un objeto aislado, sino como un umbral entre el pinar y el horizonte marino.

Los materiales escogidos establecen una relación directa con el paisaje de la isla. La piedra local y el hormigón visto configuran las fachadas con una textura rugosa que dialoga con la aridez del entorno sin imitar sus formas. El interior destaca por una contenida paleta de blancos y tonos naturales que amplifica la entrada de luz y mantiene la temperatura estable durante los meses de calor.

La vivienda incorpora estrategias bioclimáticas que responden al clima mediterráneo: la ventilación cruzada entre los dos volúmenes principales aprovecha las brisas marinas para refrescar los espacios sin necesidad de climatización mecánica. En la terraza principal, un techo textil suspendido tamiza la radiación solar directa, creando una zona de sombra confortable que prolonga el espacio habitable hacia el exterior. La cubierta mirador remata el conjunto ofreciendo vistas abiertas al mar y al bosque de Posidonia.

La distribución interior propone una jerarquía clara entre los espacios sociales y los privados. La planta baja acoge el salón, la cocina y el espacio de acceso; la planta superior concentra los dormitorios y sus terrazas asociadas. La escalera, resuelta con precisión artesanal, conecta ambos niveles con un gesto escultórico que se convierte en uno de los elementos característicos del interior.

La piscina se integra en la plataforma como extensión natural del suelo, configurando junto a las terrazas un espacio de vida exterior de gran riqueza. El resultado es una residencia que ha renunciado a lo superfluo para concentrarse en lo esencial: la luz, el viento y la relación profunda con un paisaje que merece ser habitado con cuidado.