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5 de julio de 2009
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Eva Espada Rebollo

TRUFFLE HOUSE

Proyecto de Ensamble Studio en la Costa da Morte, Galicia.

Hay obras que se dibujan y obras que se desentierran. La Truffle House, que Antón García-Abril y Ensamble Studio levantaron frente al Atlántico gallego entre 2006 y 2010, pertenece a la segunda especie. Vista desde fuera no parece una casa, sino una roca: una masa parda, rugosa, de bordes inciertos, posada entre la hierba como si el terreno la hubiera expulsado tras siglos de trabajo lento. Solo un corte limpio en su costado, un plano de vidrio, delata que dentro hay aire, y que ese aire se puede habitar.

Los propios arquitectos la describen como un fragmento de naturaleza construido con tierra y lleno de aire, una piedra que se camufla imitando los procesos de formación mineral. No es una metáfora decorativa: es, literalmente, el método.

Truffle House encajada en la roca: exterior, dormitorio excavado y hueco abierto al mar en cuatro vistas

Materializar el aire

El proceso comenzó con un agujero. Se excavó el terreno y la tierra vegetal extraída se amontonó en el perímetro, formando un dique de contención sin ninguna resistencia mecánica, un simple borde de suelo removido. Dentro de ese hueco se levantó un volumen irregular con fardos de heno: lo que Ensamble llama materializar el aire, darle cuerpo provisional al espacio que algún día quedaría vacío.

Después se vertió hormigón en masa en el intersticio entre la tierra y la paja. El hormigón envolvió el heno, se apoyó en las paredes del hoyo y quedó protegido por el propio terreno mientras fraguaba. Luego vino la espera, que aquí forma parte de la obra tanto como el vertido. Cuando por fin se retiró la tierra, emergió una masa amorfa, sin fachada ni orientación, cubierta de la textura y el color del suelo que la había contenido.

Ahí ocurre lo más interesante del proyecto, un intercambio de propiedades: la tierra cedió al hormigón su textura, su color, su forma y algo de su esencia; el hormigón devolvió a la tierra resistencia y estructura interna. El resultado, admiten los autores, todavía no era arquitectura. Era una piedra fabricada.

detalle vistas e interior
interior con vistas al mar

Cortar la piedra

Para convertir esa roca en refugio hubo que tratarla como se trata una cantera. Con maquinaria de cantería se practicaron varios cortes que abrieron el núcleo y dejaron ver su contenido: el heno, comprimido por la presión hidrostática del hormigón fresco sobre una estructura vegetal tan frágil. Los cortes, nítidos y geométricos, son la única concesión a la regla en un objeto que nace del azar controlado del vertido; contra la piel tosca, el plano liso del corte se lee como una herida exacta.

Uno de esos planos se orientó hacia el mar. Desde el interior, el horizonte atlántico es la única línea tensa de todo el espacio; el resto son superficies blandas, techos que fluyen y parecen un oleaje petrificado, muros cuya escala rústica procede del tamaño de los fardos que los moldearon. La arquitectura se reduce a una cueva y a una ventana, y basta.

Esa misma lógica de una materia que dialoga con el paisaje en lugar de imponerse atraviesa otras obras de la costa gallega, como el Museo del Mar de Galicia, y recorre buena parte de la arquitectura contemporánea que trabaja el hormigón como materia expresiva y no como simple soporte.

Truffle House, roca de hormigón con ventanal acristalado entre pinos junto a la costa gallega
Construcción de la Truffle House: dos personas junto a la masa de hormigón entre tierra y paja

Paulina

Quedaba el problema del heno. Unos cincuenta metros cúbicos de paja prensada ocupaban el lugar donde debía estar la casa, y la solución fue tan sencilla como insólita: una ternera llamada Paulina. Durante un año, el animal entró en la piedra y se fue comiendo su interior. Llegó siendo una cría y salió convertida en una vaca adulta de unos trescientos kilos. Al terminar su trabajo, el espacio apareció por primera vez.

Hay algo de fábula en esa escena, pero también una idea precisa sobre el tiempo. La obra no se acelera: la marcan el fraguado, las estaciones y el apetito de un animal. Antes de ser casa, la trufa fue masa vegetal y refugio de Paulina, y solo después recuperó su condición arquitectónica. Entre los colaboradores del proyecto, junto a las empresas de derribos y de corte, figura la Ganadería Paulina.

Ternero dentro del hueco relleno de paja de la Truffle House antes de vaciar su interior

Con la ayuda de esta ternera, consiguieron abrirse paso a través de la paja que quedó almacenada en el interior de la masa de hormigón.

Un Cabanon de hormigón

Para que la piedra fuera habitable, los arquitectos tomaron como medida el Cabanon de Le Corbusier, la cabaña mínima que el arquitecto se construyó junto al Mediterráneo, y recrearon su programa y sus dimensiones en apenas veinticinco metros cuadrados: una cama, un lavabo, un lugar donde sentarse a mirar. La referencia es menos un homenaje que una vara de medir; lo que en Roquebrune era madera y precisión aquí es materia bruta y azar. Como en otras casas de hormigón mínimas, lo que de verdad importa es el silencio y el horizonte.

Ficha

  • Arquitectura: Antón García-Abril / Ensamble Studio.
  • Colaboradores: Ricardo Sanz y Javier Cuesta.
  • Ubicación: Costa da Morte, Galicia (España).
  • Proyecto: agosto de 2006. Fin de obra: febrero de 2010.
  • Superficie construida: 25 m².