¿Dentro o fuera? La Casa Yagiyama nos propone una dilución de conceptos
Hay casas que se defienden del mundo y casas que se le entregan. La Casa Yagiyama, levantada por el estudio Kazuya Saito Architects en las colinas de Sendai, en la isla japonesa de Honshu, hace las dos cosas a la vez. Desde la calle es un bloque cerrado de acero galvanizado gris, casi sin huecos a la altura de los ojos; por dentro, una sucesión de estancias bañadas de luz en las que nunca queda claro dónde termina la casa y dónde empieza el aire.

Su propio autor la describió con una imagen doble: por fuera, una fortaleza o una nave espacial; por dentro, un espacio luminoso. Entre ambas caras se juega toda la arquitectura.
Una colina rebajada
Yagiyama es un barrio residencial al sur de la terraza del río Hirosegawa, urbanizado desde el periodo Showa, hacia 1960, rebajando la roca de la ladera. Allí, en una parcela de casi 470 metros cuadrados, una pareja que se acababa de jubilar quiso construir su casa. El encargo era a la vez sencillo y contradictorio: intimidad, pero también sol y brisa; y una relación cómoda con la vivienda cercana donde vive la familia de su hijo.
La respuesta del estudio fue colocar un volumen cuadrado de una sola planta en el centro del solar y, en lugar de abrir ventanas en sus muros, vaciarlo. Cuatro espacios exteriores se hunden en el bloque a través de paredes y cubierta, como si alguien hubiera retirado con cuidado cuatro piezas de una caja.
Cuatro vacíos
Cada uno de esos huecos tiene un oficio. Uno marca la entrada; otro alberga la puerta lateral que comunica con la casa del hijo; el tercero da luz al lavadero, y el cuarto es un pequeño jardín que separa con suavidad el salón del dormitorio. Las ventanas se esconden en estos retranqueos y en la cubierta inclinada, de modo que la luz llega de lado o desde arriba, nunca de frente. La privacidad no se consigue con cortinas, sino con geometría.
En el corazón de la planta se alza un comedor a doble altura. A su alrededor se encadenan las demás estancias sin un solo pasillo: se pasa de una a otra como se pasa de una luz a otra. La cubierta, inclinada para dialogar con los tejados vecinos, recorta sus cuatro esquinas y se abre en un lucernario central que, además de dejar entrar el cielo, extrae el aire caliente y mueve la ventilación natural de toda la casa.
El resultado es una paradoja que el propio título de este artículo recoge: una casa sin ventanas a la altura habitual en todo su perímetro es más clara y más ventilada que una vivienda convencional. Los patios hacen que el interior parezca no terminar nunca; desde el comedor la mirada atraviesa una cristalera, cruza un patio y vuelve a encontrar madera, de modo que el exterior se convierte en otra habitación más, solo que sin techo.
Ritmos superpuestos
Dentro, cada estancia tiene un carácter propio. Los materiales cambian de una a otra —paneles de madera clara, baldosa gris, superficies lisas pintadas de blanco— y los techos alternan lo plano con lo inclinado. Saito comparó esa variedad con la música africana, que suena distinta porque superpone varios ritmos a la vez. La estructura es de madera, y el gris del acero galvanizado de la fachada y del pavimento de los patios se cuela dentro a través de las cristaleras, recordando en cada momento que el muro protector está ahí.
La casa forma parte de una tradición japonesa reciente que trabaja la luz como materia, la misma que recorre la Light Walls House y que, en otras latitudes, explora la Casa 1014 con sus patios interiores. Es también una idea cercana a la de nuestro Proyecto AS, casa de los patios: vaciar para habitar mejor. Los planos lo muestran con claridad: el cuadrado, los cuatro mordiscos, el centro alto, y la sección escalonada sobre una ladera que hace medio siglo era roca.
Ficha
- Arquitectura: Kazuya Saito Architects.
- Lugar: Yagiyama, Sendai (Miyagi, Japón).
- Años: 2011–2012.
- Superficie construida: 137,47 m²; parcela: 468,96 m².
- Estructura: Atsuhiro Nakahata y Yasushi Moribe.
- Fotografía: Yasuhiro Takagi.
Fuente: Dezeen.







