La grada Netherdale, un referente escocés de Peter Womersley
En Galashiels, en los Borders escoceses, a pocas millas de la frontera con Inglaterra, un campo de fútbol modesto guarda una de las piezas más singulares del modernismo tardío británico. La grada que Peter Womersley (1923–1993) proyectó para el Gala Fairydean no tiene la escala de un estadio ni la ambición de un monumento; tiene algo más raro: la convicción de que un graderío para unos pocos cientos de espectadores puede ser también una escultura.
Dentro de nuestro rescate de grandes nombres de la arquitectura y el diseño, volvemos a esta obra de hormigón visto que, medio siglo después, sigue pareciendo un gesto suspendido en el aire.


Un club, un campo, una cubierta
El Gala Fairydean llegó a Netherdale, junto a Nether Road, en 1929. La primera tribuna del campo se derribó en 1963, en unos años de buena racha deportiva para el club, y el encargo de la nueva recayó en Womersley, que trabajaba desde su casa y estudio en Gattonside. Para la estructura contó con Ove Arup, la ingeniería que acompañó buena parte de la mejor arquitectura moderna de su tiempo. La grada, de unos 750 asientos, se inauguró en noviembre de 1964, y los trabajos se dieron por concluidos en 1965.
Hoy el campo es el hogar del Gala Fairydean Rovers, nacido en 2013 de la fusión del Fairydean con el Gala Rovers. Con el paso de los años la grada sufrió añadidos poco afortunados —ladrillo entre los pilares para ampliar el bar, pintura y publicidad—, pero su silueta nunca dejó de leerse.
Cuatro aletas y un voladizo
La construcción es de una economía extrema. Cuatro aletas verticales de hormigón, de sección en V, sostienen una grada en forma de cuña y una cubierta que se proyecta en voladizo hacia el terreno de juego. El hormigón queda a la vista, con la huella de las tablas del encofrado, acompañado de ladrillo de ingeniería; los asientos son de tablones de madera sobre el hormigón. En la planta baja se alojan vestuarios, servicios y el bar del club, y en cada extremo una escalera de peldaños abiertos sube hacia las gradas.
Desde el campo, la paradoja es completa. La ficha de protección de Historic Environment Scotland lo describe con precisión: la cubierta parece desafiar la gravedad, en equilibrio sobre el delgado borde posterior del graderío. Los apoyos quedan detrás, fuera de la mirada del espectador, y la visera se lee como un plano que flota. Nada interrumpe la vista del partido; no hay una sola fila de columnas entre la grada y la hierba.
En los accesos, junto a los tornos, dos marquesinas en forma de pirámide invertida repiten el mismo juego de pesos contrariados: masas de hormigón que, en lugar de asentarse, se abren hacia el cielo como paraguas. En 1965 la revista Architecture Today habló de una composición geométrica de una sutileza poco común. Es, en efecto, una obra en la que el hormigón deja de ser solo estructura para convertirse en forma, en sombra, en carácter; un pariente lejano de otros episodios de hormigón visto que hemos recorrido, como las estaciones «brutales» de la línea 9 de Barcelona.
El arquitecto de los Borders
Womersley es una figura discreta y, sin embargo, central en la arquitectura escocesa de posguerra. Desde Gattonside levantó en los Borders un pequeño conjunto de obras notables: la casa High Sunderland y el estudio del diseñador textil Bernat Klein, ambos muy cerca de Galashiels, y, en Edimburgo, la unidad de trasplantes Nuffield, proyectada en los mismos años que la grada y con la misma vocación escultórica. Historic Environment Scotland sitúa la tribuna de Netherdale en ese tránsito hacia un formalismo tardomoderno que, en los sesenta, empezó a alejarse del funcionalismo estricto para buscar en la geometría una expresión propia. Escocia ya había conocido otra genialidad a contracorriente, la de Charles Rennie Mackintosh; Womersley pertenece a esa misma estirpe de arquitectos que hicieron de lo local algo universal.
El hormigón también envejece
La grada entró en el inventario de edificios protegidos de Escocia en 2006, en categoría B, y en 2013, dentro de un estudio sobre los edificios deportivos del país, ascendió a la categoría A, la de importancia nacional. Para entonces el agua ya había empezado a filtrarse en el hormigón armado: las armaduras se oxidaban y el material se desprendía en lajas. La tribuna tuvo que cerrarse al público.
La restauración, a cargo de Reiach and Hall Architects con la ingeniería Narro, se planteó como una cura y no como una reinvención: reparación integral del hormigón, nuevo impermeabilizante líquido en la cubierta, mejora del drenaje, ventilación y aislamiento de los falsos techos, y la retirada de la pintura y los anuncios que habían ido cubriendo la obra. Terminó en 2022. La grada ha vuelto a ser lo que fue en 1964: un tejado en vilo sobre un campo de provincias, la prueba de que la ambición arquitectónica no depende del tamaño del encargo.
Ficha
- Obra: grada del Gala Fairydean (Netherdale), Galashiels, Escocia
- Arquitecto: Peter Womersley
- Ingeniería: Ove Arup
- Años: 1963–1965 (inaugurada en noviembre de 1964)
- Protección: categoría A de Historic Environment Scotland (ficha LB50711)
- Restauración: Reiach and Hall Architects, 2022



