DELTA SHELTER
Proyecto de Olson Kundig Architects. Esta cabaña de 93m2 está construida principalmente con acero y se encuentra cerca de un río en Mazama, WA, EE.UU.
Permite dejarla completamente cerrada gracias a unos paneles correderos que se cierran simultáneamente a través de una manivela situada en el interior de la casa. Consta de tres pisos, los dos primeros, donde se encuentran las habitaciones y el último piso donde se encuentran la cocina y el salón para aprovechar las maravillosas vistas.
Vía Olson Kundig Architects
Una casa que se cierra entera con una manivela cuando sus dueños se marchan. Ese gesto de guarecerse —del clima, del ruido, del tiempo— reúne aquí otros refugios del archivo del Journal: búnkeres, observatorios, cobertizos y casetas donde lo mínimo basta.
Un búnker para el verano, de Phyd Arquitectura
En Portugal, Phyd Arquitectura imaginó un búnker para las vacaciones: una casa que, en lugar de exhibirse ante el paisaje, se resguarda en él.

Pabellón Wild Reindeer, de Snøhetta
A 1.250 metros sobre el nivel del mar, a las afueras del parque nacional de Dovrefjell, Snøhetta levantó un observatorio de 75 m² para aprender sobre la fauna, la flora y la historia de la meseta de Dovre. El diseño nace de la naturaleza, la cultura y la mitología del paisaje que lo acoge.
Sus líneas y materiales sencillos remiten a las construcciones del lugar, y todo descansa en un contraste: una coraza rígida de acero y vidrio que guarda dentro un núcleo orgánico de madera.
Kamaishi Box, de Kazuhiko Namba y KAI Workshop
En Kamaishi (Japón), un pequeño refugio temporal responde a una necesidad urgente: espacios públicos que se monten y desmonten con facilidad. Sus apenas 40 m² se dividen en dos: un interior para los encuentros más privados y una generosa terraza, unidos por puertas correderas de vidrio que tamizan la luz natural hacia dentro.
Boathouse, de Alex Cochrane
Con algo de prestidigitador, el arquitecto londinense Alex Cochrane convirtió una caseta de barcas victoriana, asomada al Windsor Great Park, en un retiro para un escritor. Una caseta de barcas es, por oficio, larga y estrecha: tras demoler sus dos plantas interiores, esa silueta sirvió para encadenar tres zonas de estar en un único espacio abierto.
Unas «cajas» contemporáneas insertas en el centro dejan que la mirada recorra el edificio de punta a punta. Un refugio de día que honra, con respeto, su origen humilde.
Fotografías: Alex Cochrane Architects
Cobertizo de jardín, de SHED
Al fondo de un jardín de Seattle, el estudio SHED proyectó un cobertizo cuyas puertas correderas se abren hacia los lados y duplican el espacio. Cerrado, pasa desapercibido y oculta lo que guarda.
A un lado, un rincón para cultivar en maceta, con pila y agua corriente, estanterías en la pared y un suelo que puede regarse con manguera; al otro, bicicletas y equipo deportivo. Los raíles de las puertas se prolongan al otro lado del camino y dibujan una pérgola.
Fotografías: SHED
Green Box, de act_romegialli
En las laderas de los Alpes italianos, act_romegialli transformó el garaje en desuso de una casa de vacaciones en un pequeño refugio desde el que ver pasar las estaciones. Dentro, un espacio para las herramientas de jardinería —la pasión del propietario—, otro para cocinar y otro para estar juntos.
La estructura, de perfiles galvanizados de metal ligero, se envuelve en alambres de acero que convierten el volumen en un soporte tridimensional para las trepadoras de hoja caduca, como la madreselva o el lúpulo. Abajo, herbáceas perennes —valeriana, gauras, geranios— se alternan con plantas de temporada y bulbos de floración continua.
El estudio, fundado en 1995 en el norte de Italia, lo encabezan Gianmatteo Romegialli, Angela Maria Romegialli y Erika Gaggia.
Fotografías: Marcello Mariana


















