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29 de septiembre de 2012
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Carlos Alonso

Restaurante Magasand, Madrid.

En la calle Columela, a unos pasos del Retiro, hubo una tienda de alimentación. Donde antes se despachaba por kilos abrió en septiembre de 2008 el segundo local de Magasand, una casa de comidas rápidas y cuidadas —sándwiches, ensaladas, sopas— que quiso ser algo más que un mostrador: un lugar donde quedarse a leer. Junto a la carta, una selección de revistas internacionales de arquitectura, diseño, moda y arte, de esas que rara vez llegan a los quioscos, y un espacio propio para exposiciones.

La reforma la firmó el arquitecto Juan Carlos Fernández, con larga experiencia en locales de ocio, y el amueblamiento se resolvió con ÁBATON Interiorismo: una elección hecha a cuatro manos entre el arquitecto y la tienda, pieza a pieza, como quien compone una biblioteca.

Restaurante Magasand en Madrid: mesas y sillas blancas y de madera junto a estanterías iluminadas con revistas

Hierro, viruta y luz baja

La antigua tienda se vació por completo para convertirse en un espacio luminoso. Los materiales son pocos y honestos: hierro natural, tableros de virutas orientadas —el OSB, con su superficie de astillas prensadas que parece un mapa— y una iluminación cálida e indirecta que se esconde en frisos y estantes y deja que la luz resbale por las paredes en lugar de caer sobre las mesas. El local se reparte en dos plantas unidas por una escalera; abajo, el mostrador de vitrinas para llevar; alrededor y arriba, las mesas, las bancadas y las estanterías iluminadas donde las revistas se ofrecen de frente, como en un escaparate de papel.

Es una arquitectura de fondo. No pide atención: prepara el lugar para que la reclamen el pan recién cortado, una página abierta, la conversación lenta de media mañana.

Un sofá de los cincuenta

Sobre ese fondo áspero, el mobiliario introduce la memoria. ÁBATON Interiorismo seleccionó piezas originales, vintage en el sentido estricto de la palabra, entre ellas un sofá danés de los años cincuenta retapizado en Scuba, la polipiel de Kvadrat. El artículo con que el Journal dio cuenta de la inauguración de Magasand Columela menciona también piezas originales de esa misma década del diseñador danés Hans J. Wegner. Son muebles que llegan con su propia biografía: la madera gastada en los brazos, las proporciones bajas y anchas de una época que pensaba el descanso como una forma de cortesía.

Restaurante Magasand en Madrid con sofá danés vintage, mesas bajas verdes y lámpara colgante

La bancada que recibe en la entrada se tapizó con la misma Scuba de Kvadrat. El gesto es sencillo y eficaz: el material del sofá antiguo se extiende por la sala y la convierte en una sola habitación, cosida por el mismo tejido. Quien conozca el ojo con que se trabajaban los muebles daneses de los años 50 reconocerá ahí la intención: que lo viejo y lo nuevo compartan piel.

Restaurante Magasand en Madrid con bancos corridos tapizados, mesas negras, taburetes de madera y estanterías con vajilla

Lo nuevo junto a lo antiguo

Entre las piezas de edición actual se eligieron las sillas Cherish de Horm, en dos versiones que dialogan entre sí: madera natural y lacado blanco. Las mesas negras proceden de Arper, y las de centro, las «3 Galets», de Materie Grise, tienen algo de canto rodado, de objeto pulido por el agua. Nada pretende imitar el pasado; las piezas contemporáneas se limitan a acompañarlo, con líneas limpias que dejan respirar al sofá y a la madera.

Sillas blancas de madera, mesas redondas y lámparas verdes en el restaurante Magasand de Madrid

La luz cierra la composición. Para las lámparas de suspensión se escogieron modelos de Pols Potten en cerámica blanca con el interior dorado: por fuera, una superficie mate y serena; por dentro, un reflejo cálido que tiñe la luz antes de dejarla caer. Sobre las mesas, ese oro apenas visible matiza el ambiente y hace del comedor un lugar recogido y, a la vez, refinado.

Mesa y bancos de madera bajo lámparas de cerámica y estantes de revistas en el restaurante Magasand

Así, la casa de comidas se parece un poco a la sala de lectura de una casa particular: el sofá que ha visto pasar décadas, la revista que nadie más tiene, la lámpara que dora el plato. Un local de barrio que se toma su tiempo, y que lo ofrece.

Ficha

  • Lugar: Magasand, calle Columela, 4, Madrid.
  • Arquitectura: Juan Carlos Fernández.
  • Mobiliario: selección de ÁBATON Interiorismo en colaboración con el arquitecto.
  • Fotografía: Juan Baraja.