Saltar al contenido
Comedor de roble con sillas de enea, techo de madera a dos aguas y correderas a la terraza en el Proyecto V-E

Diseño de cocina para el Proyecto V-E

Casi todo en la cocina del Proyecto V-E es madera, y la que más pesa es la estructura. Los frentes de los armarios, la isla, la mesa y el suelo de tarima acompañan a lo que de verdad manda: una cubierta a dos aguas de vigas vistas que es el propio CLT de la casa, madera certificada PEFC, dejada tal cual. La cocina no imita la arquitectura; es la arquitectura, con cajones.

Los clientes nos pedían una casa moderna con un punto de rusticidad, y la cocina es donde ese punto se concreta. Lámparas de mimbre cuelgan de las vigas sobre la mesa de roble; las sillas son de enea; una vitrina iluminada expone los objetos de diario. Nada es decoración añadida: son los materiales con los que se come y se cocina, a la vista.

La isla concentra el trabajo y algo más. Además de la encimera y el almacenaje, incorpora una vinoteca en su frente, de modo que la bodega queda a un paso de la mesa. A su espalda, los armarios altos de madera esconden los electrodomésticos tras paneles, y una despensa con puerta de vidrio y carpintería de acero negro aparta lo demás sin cerrarlo del todo.

La luz llega de dos lados. Al sur, el soleamiento que la casa buscó al orientar sus volúmenes; al oeste, las vistas al monte y a la Sierra que decidieron dónde se asentaba la vivienda. Un gran vano corredero abre la cocina al porche; desde fuera se ve entera, un interior de madera asomado al jardín.

Es una cocina pensada para llenarse: mesa larga, isla con taburetes, porche al lado. En una casa hecha para compartir con amigos y familia, la madera hace el resto: amortigua el ruido, guarda el calor y envejece bien.