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26 de febrero de 2010
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Guillermo Santos García

LA MURALLA ROJA

Sobre los acantilados de La Manzanera, en Calpe, se levanta una fortaleza que parece haber crecido de la propia roca. El arquitecto barcelonés Ricardo Bofill (1939-2022) y su Taller de Arquitectura la proyectaron en 1968, y el conjunto quedó terminado en 1973. La llamaron La Muralla Roja, y el nombre lo dice casi todo: un muro grueso, de color encendido, que se recorta contra el azul del Mediterráneo y del cielo.

Detrás de esa apariencia de bastión hay, sin embargo, un edificio de apartamentos. Cincuenta viviendas que se reparten en tres tamaños, estudios de unos 60 m², apartamentos de dos dormitorios de 80 m² y de tres dormitorios de 120 m², apiladas y entrelazadas como las casas de un pueblo que se hubiera construido de una sola vez.

Terrazas y escaleras rojas de La Muralla Roja de Ricardo Bofill en Calpe, con el mar Mediterráneo al fondo

La casbah reinventada

La referencia es explícita: la arquitectura popular del mundo árabe mediterráneo, las torres de adobe del norte de África y, sobre todo, la casbah, la ciudadela amurallada de las medinas, con su trama de pasos estrechos, patios y azoteas. Bofill no copió su imagen, sino su manera de moverse. El acceso a los apartamentos se resuelve mediante un sistema de escaleras, plataformas y puentes que se encajan unos en otros y que convierten la circulación en un recorrido de calle, de escalera de barrio, de lugar donde encontrarse.

Con ello el Taller cuestionaba la división, cada vez más tajante, entre el espacio público y el privado. En La Muralla Roja no hay pasillos anónimos: hay patios, rellanos, vistas que se abren de golpe al mar y vuelven a cerrarse entre muros. Los espacios comunes, reservados a los residentes, se completan con terrazas en cubierta, solarios, una piscina y una sauna, como si la vida en común subiera en busca de luz.

Secuencia vertical de vistas de La Muralla Roja de Ricardo Bofill en Calpe, con escaleras y muros en rojo y azul
la muralla china de ricardo bofil

Un laberinto con regla

El aparente desorden responde a un plan geométrico preciso. La unidad de partida es la cruz griega, con brazos de cinco metros, que se agrupa de diferentes maneras. En la intersección de las cruces se alzan las torres de servicio, donde se concentran cocinas y baños, y alrededor de ellas se ordenan las estancias. Las plantas lo muestran con claridad: lo que desde la calle parece una acumulación espontánea es, sobre el papel, una retícula rigurosa que se pliega, se desplaza y se apila.

El propio Taller de Arquitectura leyó esa base geométrica como una aproximación a las teorías del constructivismo, de modo que el edificio se convierte en una evocación muy clara de ellas. Es una doble filiación singular: por un lado, la arquitectura sin arquitectos de la orilla sur del Mediterráneo; por otro, la vanguardia que soñó con construir a partir de figuras elementales. Esa misma idea de vivir en torno a vacíos ordenados reaparece, a otra escala, en proyectos de ÁBATON como la casa de los patios del Proyecto AS.

Planta de situación de La Muralla Roja de Ricardo Bofill en Calpe, con la trama en cruz, gradas y accesos

Planta de La Muralla Roja de Ricardo Bofill con la distribución de un apartamento y las escaleras

Planta de otra altura de La Muralla Roja de Ricardo Bofill con viviendas en torno a núcleos cruciformes

Planta tipo de La Muralla Roja de Ricardo Bofill: apartamentos agrupados en cruz griega

Rojo contra el paisaje, azul hacia el cielo

El color no es aquí un acabado, sino un argumento. Las fachadas, exteriores e interiores, se pintan en distintos tonos de rojo que contrastan con el paisaje. En cambio, las escaleras, los patios y los recorridos se tiñen de una gama de azules que va del celeste al índigo y al violeta: según el lugar, buscan el contraste con el cielo o se funden con él. El Taller explicó la elección en esos términos, como un modo de enfrentarse a la naturaleza o de acompañar su pureza.

Así, cada hora del día ofrece otra versión del edificio. Al mediodía, los muros rojos arden bajo el sol y los patios azules parecen trozos de cielo atrapados entre ellos; al atardecer, las sombras alargan los volúmenes y el conjunto recupera su perfil de fortaleza. El color entendido como herramienta espacial acerca el edificio al trabajo de artistas como Carlos Cruz-Diez. Medio siglo después, La Muralla Roja sigue siendo una lección sobre cómo habitar la costa sin borrarla: densa, colectiva, mediterránea.

Via Ricardo Bofill

Ficha

  • Arquitectura: Ricardo Bofill, Taller de Arquitectura.
  • Ubicación: La Manzanera, Calpe (Alicante).
  • Proyecto: 1968. Terminación: 1973.
  • Programa: 50 apartamentos (estudios de 60 m², viviendas de dos dormitorios de 80 m² y de tres dormitorios de 120 m²), con terrazas en cubierta, solarios, piscina y sauna.