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4 de junio de 2017
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Pedro Ferrer

Carlos Quintáns incluye la esencia rural gallega en su Casa en Paderne

Ante el empuje de urbanizaciones sin alma en el medio rural, los habitantes de la sierra lucense de O Courel han sabido conservar el sabor de tiempos pasados. En un paisaje espléndido lleno de hayas, robles y castaños, podemos encontrar aldeas casi sin alterar, con sonidos y olores propios de antaño.

Casa en Paderne de Carlos Quintáns, un volumen de madera entre prados y casas de pizarra de la sierra lucense

Paderne es una esas joyas de población diseminada, donde el arquitecto coruñés Carlos Quintáns llevó a cabo una lectura respetuosa de las construcciones tradicionales. Tomando como base un antiguo pajar al que se le había añadido una edificación poco afortunada, consiguió diseñar una casa contemporánea que honra la herencia rural gallega.

Casa en Paderne con zócalo de piedra y volumen superior de madera entre construcciones tradicionales de Lugo

Lo primero fue derribar la construcción más reciente para aprovechar los gruesos muros de piedra originales, que soportan toda la estructura de madera. El proyecto se planteó en dos niveles, el superior se dedica a la zona de estar, mientras que el inferior aprovecha los muros de mampostería para alojar los dormitorios.

Estructura de madera de la Casa en Paderne en obra, con las montañas gallegas al fondo

El objetivo de Quintáns era bien claro: no esconder nada, ni siquiera las diferentes alturas de la planta de arriba, que se adapta a cada rincón dibujado por los trazos de piedra. Además, el diseño típico de cabaña a dos aguas permite incluir un gran ventanal panorámico en uno de los costados, garantizando así abundante luz natural y unas vistas inmejorables de la sierra.

Interior de la Casa en Paderne con cubierta a dos aguas, un gran ventanal al bosque y mobiliario de madera

La vivienda tiene su cúspide en la cocina, desde donde se desciende en espiral hacia los dormitorios. El espacio superior presenta dos cambios de altura que se integran sin problemas en la distribución, lo que ayuda a definir zonas como la entrada.

Sala de la Casa en Paderne con un mueble de madera central, cocina blanca y suelo de roble

Dormitorio con literas de madera y lucernarios altos en la Casa en Paderne, de Carlos Quintáns

Puesto que las dimensiones de la parcela eran muy ajustadas, se aprovechó al máximo cada rincón, evitando fragmentar el poco espacio disponible con paredes interiores. A su vez, la generosa altura de la zona común equilibra la percepción de amplitudes.

Mesa de trabajo junto a un ventanal con vistas a los montes lucenses en la Casa en Paderne