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7 de julio de 2013
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Blanca Marías Revenga

Las tejas que soñaron ser paredes en el Matadero de Madrid

Cuando se rehabilitan edificios industriales se van explorando todas las posibilidades que ofrecen las diferentes plantas, siendo a veces el propio sistema constructivo el que aporta las soluciones más razonables y hasta los materiales para su segunda vida.

Corredor alto de muros de teja reciclada con lámparas industriales y escalera al fondo en el Matadero

Muro de tejas cerámicas apiladas con luz filtrada entre ellas en la nave 8B de Arturo Franco

Esto es lo que debió pensar el arquitecto Arturo Franco Díaz al abordar el acondicionamiento de la nave 8B del antiguo matadero de Madrid. Construido en la segunda década del siglo XX, abasteció toda la zona centro durante cerca de sesenta años hasta su traslado a la periferia de la capital.

Fachada neomudéjar de ladrillo y mampostería de la nave 8B del Matadero de Madrid bajo cielo azul

Recuperado hoy en día como centro cultural de vanguardia, esta nave de 1.000 m2 en dos plantas -que en tiempos ocupaban pieles y salazones- está destinada a la gestión administrativa, distribuyéndose en tres espacios: un almacén, una zona de trabajo y un área polivalente para presentaciones.

Nave 8B del Matadero de Madrid con cerchas metálicas, paredes de teja reutilizada y suelo pulido

Además de acondicionar el interior para sus nuevas funciones y reforzar toda la estructura, otro de los objetivos prioritarios del proyecto era restituir por completo la cubierta de teja plana que se había ido parcheando con más o menos fortuna sobre tableros y rasillas a lo largo de su vida útil.

Puerta de madera pivotante abierta en un muro de tejas recuperadas en la nave 8B del Matadero

Muro de tejas apiladas sobre un zócalo oscuro con un tirador metálico en la nave 8B del Matadero

Como antes de esta nave ya se había actuado en otros edificios del matadero, se acumulaban montañas de adoquines, maderos, tejas y losas de granito a la espera de su traslado al vertedero. Al estar todavía en buen uso, se decidió aprovecharlos. Así, los tabiques de separación entre salas se realizaron con tejas cerámicas planas apiladas, de forma que sus aberturas horizontales crean una celosía que permite la entrada de luz y una ventilación natural, al tiempo que integran espacios.

Tabique de tejas cerámicas que separa una sala de suelo de hormigón en la nave 8B de Arturo Franco

Primer plano de tejas árabes recuperadas apiladas en horizontal formando un muro en el Matadero

Detalle del canto de un muro de tejas árabes apiladas con mortero en el Matadero de Madrid

Del mismo modo, las vigas de madera se aprovecharon en la rehabilitación como sólidos dinteles en puertas de acceso o para enmarcar el interior de las ventanas con ayuda de mordazas de encofrado.

Sala de la nave 8B del Matadero con cubierta de cerchas, ventanas altas y muro de ladrillo al fondo

Detalle de piezas metálicas oxidadas ancladas a un muro de ladrillo frente a una ventana en el Matadero

En cuanto a la iluminación, varias hileras de lámparas industriales suspendidas nos recuerdan en ambas plantas el uso primitivo del edificio, resaltado en los suelos por el hormigón pulido.

Pasillo estrecho entre muros de tejas apiladas con luz azulada en la nave 8B del Matadero de Madrid

La rehabilitación de Arturo Franco respeta la estética neomudéjar externa del siglo pasado y el espacio, pero reinterpreta por completo los interiores. Hay que destacar que el empleo masivo de las tejas cerámicas favorece el confort térmico y acústico. Una minuciosa factura artesanal con resultados bioclimáticos y sostenibles del siglo XXI.

Fotografías © Carlos Fernández Piñar

Plano de situación del Matadero de Madrid con la nave 8B señalada entre los pabellones

Plantas baja y primera de la nave 8B del Matadero de Madrid rehabilitada por Arturo Franco

Isometría explicativa de la nave 8B del Matadero con el proceso de reutilización de tejas

Sección de la nave 8B del Matadero de Madrid con los muros de teja y la cubierta original