Las mejores piscinas para recibir al buen tiempo
Os presentamos una selección de 10 piscinas en las que no nos importaría recibir al verano. La selección se ha realizado desde el estudio ÁBATON.
1. Nombre proyecto: Guest RA (Calabria, Italia)
Autor del proyecto: MORQ
Año: 2018 – 2019

2. Nombre proyecto: SJA III (San Juan de Alima, México)
Autor del proyecto: CDM Casas de México
Año: 2018

3. Nombre proyecto: Finca en Extremadura (Extremadura, España)
Autor del proyecto: ÁBATON
Año: 2013

4. Nombre proyecto: Castillo de Peratallada (Gerona, España)
Autor del proyecto: Mesura
Año: 2017

5. Nombre proyecto: Kaufmann Desert House (Palm Springs, California)
Autor del proyecto: Richard Neutra
Año: 1946

6. Nombre proyecto: Torres Blancas (Madrid, España)
Autor del proyecto: Francisco Javier Sáenz de Oiza
Año: 1964

7. Nombre proyecto: Piscina escondida (Six-Fours-les-Plages, Francia)
Autor del proyecto: Alain Capeillères
Año: años 70

8. Nombre proyecto: Hotel Amangiri (Gran Cañón, Arizona)
Autor del proyecto: Marwan Al-Sayed, Wendell Burnette y Rick Joy
Año: 2009

9. Nombre proyecto: Casa Gomis ‘La Ricarda’ (Barcelona, España)
Autor del proyecto: Antoni Bonet Castellana
Año: 1949-1963

10. Nombre proyecto: piscinas naturales de Pamukkale (Pamukkale, Turquía)

11. Nombre proyecto: Piscinas das Marés (Oporto, Portugal)
Autor del proyecto: Álvaro Siza
Año: 1966

Más allá de la lista, el archivo del Journal guarda otras aguas que merecen un baño: una piscina para bajar a lo hondo, otra sobre la azotea de un colegio y otra entre dos casas de piedra en Formentera.
Nemo 33, en Bélgica
Llegó a ser la piscina más profunda del mundo. La diseñó en Bélgica el buceador profesional John Beernaerts como centro de buceo para el ocio y la enseñanza, y ha servido de escenario a algunas películas. Su gran vaso tubular guarda 2.500.000 litros de agua de manantial filtrada, sin cloro, a 30 °C, con dos fondos planos a distinta profundidad que buscan reproducir las condiciones del mar abierto.



Nadar en Flandes, de dmvA
Mientras se rehabilitaba un club masculino del siglo XVII en Flandes, el cliente de dmvA compró el edificio vecino, un colegio abandonado que lindaba con su jardín. Su azotea pedía una piscina panorámica.
Un esqueleto de pilares y vigas de hormigón, insertado en la estructura de ladrillo, sostiene el vaso blanco inmaculado y refuerza el viejo edificio. Ese mismo sistema liberó el resto, que se convirtió en zona de descanso, con una cocina abierta en la planta baja y un espacio de uso mixto en la primera. Desde el comedor se ve la abadía.




Fotografías: © Frederik Vercruysse
Piscina en Formentera, de María Castelló
En Venda de Sa Talaiassa, María Castelló proyectó una zona de baño que une dos casas centenarias de Can Xomeu Sord. La intervención debía anclarse a la trama de muros y construcciones de piedra local propia de estos asentamientos de la más pequeña de las Pitiusas, y esa limitación se volvió oportunidad: un filtro sutil entre las dos casas, un lugar de encuentro cercano y a la vez fronterizo, íntimo pero abierto al faro de La Mola.
Dos muros paralelos y un antiguo corral marcan las líneas maestras. La piscina, de 4 × 15 m, busca la tangencia con el muro este y se desborda sobre él: su rastro coincide con la lámina de agua, desmaterializado en una huella de grava igual a su piedra. El vaso, de mármol blanco de Macael, distingue la zona de sol de la de nado; el resto del suelo es de pino macizo tratado. Al sur, apoyada en la vieja granja, una pérgola de hierro galvanizado y caña recuerda la casa de Lluís Clotet en Mallorca y Can Toni des Cocons, de Elías Torres y José Antonio Martínez Lapeña.




Fotografías: Estudi Es Pujol de s’Era