CASA 36: Apartamento Urbano por estudio ÁBATON
Hay casas que se conforman con estar en lo alto y otras que aspiran a olvidar que lo están. CASA 36 pertenece a estas últimas: un ático de 274 m² que quiso habitarse como una vivienda aislada, con la tierra a la altura de los pies y el cielo a la altura del techo, aunque bajo él y sobre él siguiera latiendo un edificio entero.
Para lograrlo, el proyecto confió en dos gestos sencillos. Ajardinar las terrazas, para que el exterior dejara de ser un balcón y se volviera jardín. Y dejar que un solo material, el hormigón, fuera a la vez la estructura y la piel del edificio. Proyecto de arquitectura por el estudio ÁBATON; proyecto de decoración de ÁBATON Interiorismo.

Un vacío de cinco metros
El corazón de la casa es el salón, un volumen a doble altura con más de cinco metros de techo que se abre, por su frente, a una zona de estar exterior. Es el elemento que distingue a esta vivienda: un vacío vertical que ordena todo lo demás y que, a través de grandes ventanales, deja entrar a la vez la sierra y la ciudad. Como en el resto de las viviendas de la promoción, esta estancia se orientó al sur, para ganar confort térmico y luminoso durante todo el año.
Arriba, una viga de hormigón cruza el espacio y lo mide. Conserva la huella de su encofrado, de modo que la materia se lee como un registro del tiempo de la obra: la madera que la contuvo, el vertido, el fraguado. Bajo esa línea gruesa, el mobiliario de madera y los tejidos claros devuelven la escala de lo doméstico.

Sobre el salón se extiende una amplia superficie de césped, perteneciente a las zonas comunes, que actúa como una manta vegetal: en verano rebaja en varios grados la temperatura interior. Es la misma lógica que el estudio ha defendido en sus terrazas ajardinadas, donde la tierra y las plantas trabajan como aislamiento antes que como adorno.


La cocina, una habitación con paisaje
La cocina se proyectó totalmente separada del resto de la casa, pero no encerrada. Se abre a la terraza ajardinada, de manera que cocinar sea también una forma de mirar: la isla, la campana suspendida y el suelo de piedra quedan frente a la vegetación y, más allá, frente al horizonte. Una escalera de madera con barandilla metálica sube junto a la doble altura acristalada y enlaza los niveles de la vivienda con la ligereza de un mueble.


En las zonas de noche el registro cambia. Los dormitorios se vuelven blancos y quietos, con una cama baja de madera y pocos objetos. El hormigón se retira y deja sitio al descanso.


Un jardín suspendido
La terraza se pensó como un pequeño paisaje: zonas de césped, árboles y grava que se alternan y dan textura al suelo. Junto al salón, y accesible desde él, se dispuso un comedor de verano solado con grandes piezas de hormigón, prolongación natural del interior cuando el calor invita a vivir fuera. Una viga de hormigón visto vuela sobre el césped y lo enmarca como un dintel abierto al cielo.
La vida comunitaria del edificio sucede justo encima: la piscina, la depuradora y las zonas comunes de la promoción. Que la casa sea silenciosa pese a esa vecindad no es casual, sino fruto de un sistema de aislamiento estudiado al detalle. Arriba se oyen, quizá, el agua y las voces del verano; abajo, en el salón de cinco metros, solo queda la luz que entra desde el sur. Una idea de vivienda colectiva que el estudio ha explorado en otras obras, como el Ático en U o la vivienda semicircular con espacios ajardinados.

Ficha
- Proyecto: CASA 36, ático en una promoción de viviendas
- Arquitectura: estudio ÁBATON
- Decoración: ÁBATON Interiorismo
- Superficie: 274 m²


