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3 de noviembre de 2013
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Javier de Montero Fontan

La brillante incursión rural de Aboim Inglez Arquitectos

Hoy viajamos hasta la región portuguesa del Alentejo para acercarnos a la conversión de una construcción agrícola centenaria en un pequeño hotel de turismo rural cerca de Lisboa.

Monte da Azarujinha de Aboim Inglez, edificios blancos con tejado rojo en una llanura del Alentejo

Situado en las afueras de la localidad de Azaruja, muy próxima a Évora, el proyecto Monte da Azarujinha fue materializado por el estudio luso Aboim Inglez Arquitectos. En un principio iba a ser el refugio de vacaciones de una pareja de jubilados, pero finalmente se transformó en algo más, ya que los propietarios decidieron instalarse en la granja reformada y encargar un nuevo edificio para alojar a los visitantes que se acercan a conocer la zona.

Pabellón blanco de habitaciones de Monte da Azarujinha en medio de un prado con árboles a los lados

Volumen blanco alargado de Monte da Azarujinha junto a un árbol frondoso bajo cielo con estelas

Así pues, lo primero que hizo el equipo de Maria Ana y Ricardo Aboim Inglez fue demoler los sucesivos añadidos y las reformas sin sentido de la construcción original. De esta manera lograron un espacio sencillo y diáfano, con tejado a dos aguas, que se integra en el entorno con ayuda de unos grandes ventanales correderos. La ausencia de puertas en su interior potencia la luminosidad, la amplitud y la sensación de conexión entre las distintas habitaciones.

Salón blanco de Monte da Azarujinha con chimenea, gran ventanal y suelo de microcemento gris

Comedor de Monte da Azarujinha con mesa larga de madera bajo techo de vigas blancas y lámpara colgante

En cuanto al planteamiento de la casa para acoger a los visitantes, se tuvo muy en cuenta el paisaje. La finca de 140 hectáreas, con abundantes alcornoques y otros árboles, no invitaba a una simple extensión del edificio principal o a algo que destacase demasiado. En su lugar, se diseñó una estructura formando un ángulo de noventa grados con la primera, cercana a ella y también con tejado a dos aguas.

Porche de Monte da Azarujinha bajo un gran voladizo blanco, con fila de puertas a las habitaciones

Este nuevo bloque de cinco dormitorios con baño privado se individualizó por medio del color. Tanto las paredes exteriores como las puertas y contraventanas de madera -e incluso las tejas- se pintaron de blanco, un tono omnipresente en estas llanuras alentejanas.

Llanura alentejana con encinas dispersas y las construcciones blancas de Monte da Azarujinha a lo lejos

Además de diferenciarlo de la casa principal, cubierta con teja cerámica tradicional, la blancura completa del edificio contribuye a aliviar la acumulación de calor en verano. Así mismo, el gran alero a modo de porche de uno de sus laterales y un sendero en forma de L actúan como elementos de conexión entre los dos edificios y los árboles próximos, que camuflan en parte ambas construcciones.

Galería cubierta de Monte da Azarujinha con suelo de hormigón que mira a la casa de tejado rojo

Esta armonía continúa en el interior, que dispone de suelos de hormigón pulido y paredes y vigas pintadas en blanco. Con este color como hilo conductor, Monte da Azarujinha representa una mínima invasión de la arquitectura en la extensa meseta de esta comarca portuguesa.

Cielo azul inmenso sobre el campo del Alentejo con el Monte da Azarujinha pequeño en el horizonte

Muro blanco curvo y algarrobo junto a la granja de Monte da Azarujinha en el Alentejo

Photography: Ricardo Gonçalves and Hugo Santos Silva