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Ventana con alféizar de piedra clara que forma un peldaño volado en el Jardim da Galeria Municipal
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5 de junio de 2025
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Paula Cárdenas Giménez

Jardim da Galeria Municipal: cómo intervenir sin interrumpir

  • Bak Gordon Arquitectos y RM Arquitectura
  • Fotografía: Francisco Nogueira

En el centro histórico de Montijo, en la orilla sur del estuario del Tajo, Bak Gordon Architects, en colaboración con RM Arquitectura, ha transformado un espacio residual en un jardín de 80 m² que redefine la relación entre lo público y lo íntimo. Junto a la Galería Municipal, un edificio del siglo XIX, quedaba un terreno sobrante, uno de esos huecos que la ciudad deja atrás sin decidir qué hacer con ellos.

El punto de partida no fue un jardín, sino un ascensor. La galería necesitaba resolver su accesibilidad, y la pieza que debía hacerlo pedía un lugar. De esa necesidad práctica nace la obra. Pero la intervención no se limita a una solución funcional: se convierte en un pequeño mundo cerrado que dialoga con su entorno urbano y patrimonial, y que demuestra que la arquitectura puede añadir sin interrumpir.

Los arquitectos lo conciben como un hortus conclusus, el jardín cerrado de la tradición medieval: un recinto murado, apartado del ruido, donde la naturaleza se ordena para la contemplación. La expresión latina procede del Cantar de los Cantares y dio nombre durante siglos a los huertos de claustros y monasterios. En Montijo, esa vieja figura se traduce en un espacio contenido y sereno que ofrece dos áreas exteriores a diferente nivel, como dos estancias al aire libre que se suceden.

La disposición crea una atmósfera propicia para la contemplación y el descanso, con una cualidad poco frecuente: el lugar es público y, sin embargo, íntimo. No se abre de par en par a la calle ni se le niega. Una barandilla metálica en el vértice del edificio permite vislumbrar el jardín desde el exterior, despertando la curiosidad sin revelar por completo su interior. La relación entre jardín y ciudad es, así, de mutuo interés: cada uno ve del otro solo un fragmento.

Es una manera de construir el deseo de entrar. Como en los patios que se adivinan tras un portón entornado, el jardín guarda algo para quien decide cruzar el umbral. Esa lógica de recinto y retiro recorre también la Cloister House, otra arquitectura que hace del patio un santuario.

La materialidad del proyecto refuerza su integración con el entorno. Los muros, enlucidos con un mortero de cemento ligeramente arenoso, envuelven el jardín con una piel continua que unifica el espacio y resalta los valores de escala, proporción, luz y sombra. Es un material humilde, de grano casi táctil, que recibe la luz y la devuelve suavizada.

Sobre esos paños lisos, la vegetación trepa y dibuja. Las fotografías de Francisco Nogueira muestran enredaderas que ascienden por las paredes, un banco de piedra, una celosía de lamas oscuras que remata el recinto hacia la calle. Los muros altos convierten el cielo en techo, y el jardín, estrecho, se vuelve vertical: se mira hacia arriba tanto como hacia delante.

La elección de materiales y la atención al detalle evidencian una arquitectura que busca la armonía con su contexto sin recurrir a gestos grandilocuentes. Nada pretende competir con la fachada decimonónica de la galería; el jardín se sitúa a su lado como un acompañante discreto. Esa contención recuerda la de otras obras portuguesas recientes, como el estudio que Aires Mateus moldeó en un edificio del siglo XVIII en Lisboa, donde lo nuevo convive con lo heredado sin alzar la voz.

El Jardim da Galeria Municipal es un ejemplo de cómo la arquitectura puede intervenir en el tejido urbano existente de manera respetuosa y significativa. Más allá de resolver un problema de accesibilidad, crea un lugar de encuentro y reflexión, y demuestra que incluso las intervenciones más pequeñas pueden tener un impacto profundo en la experiencia urbana.

Hay una lección que excede Montijo. Intervenir sin interrumpir significa aceptar lo que ya está —el edificio histórico, la calle, el terreno sobrante— y añadir solo lo necesario para que todo cambie de sentido. Un ascensor podía haber sido un trámite; aquí se convirtió en la ocasión de devolver a la ciudad un fragmento de silencio. El proyecto se redactó entre 2022 y 2023, y la obra, supervisada por el Ayuntamiento de Montijo, concluyó en 2024.

En ÁBATON, esa idea del exterior acotado como una habitación más recorre proyectos como el Proyecto AS, casa de los patios: muros, cielo y vegetación como materia del habitar.