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Garden Studio de Studio Abacaxi, casa de frontón de dos aguas con fachada acristalada y marco de madera, en Holanda
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22 de enero de 2026
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Guillermo Santos García

Garden Studio: un refugio minimalista de 59 m² en Holanda

  • Estudio: Studio Abacaxi
  • Fotografía: Aiste Rakauskaite

En un jardín de Bergen, en la provincia de Holanda Septentrional, una caja de madera de apenas 59 m² resuelve un problema muy contemporáneo: dónde trabajar cuando la casa está llena de vida. Una pareja joven de creativos, con hijos pequeños, había comprobado que concentrarse a pocos metros del ruido doméstico era casi imposible. Necesitaban un lugar propio, cerca pero aparte, que además pudiera recibir invitados cuando hiciera falta.

Studio Abacaxi, con la arquitecta Martine Duyvis al frente, terminó en 2021 un pabellón de geometría simple y honesta. La planta se organiza en torno a un núcleo central con cocina y baño, flanqueado por dos espacios principales que alternan su uso según el día: oficina, sala de estar, dormitorio o estudio. El mobiliario integrado, una cama abatible y una escalera de peldaños alternos multiplican las posibilidades del plano sin sacrificar su claridad.

La estructura se apoya sobre una losa de hormigón, pero todo lo que se levanta encima es madera. El estudio la eligió por dos razones que rara vez coinciden con tanta naturalidad: su menor huella ambiental y su eficiencia económica. El interior se reviste de contrachapado de abedul, claro y cálido, que unifica paredes, armarios y carpinterías en una sola superficie continua.

No hay ornamento ni materiales que compitan entre sí. La veta del abedul basta. Esa austeridad no es frialdad: es la manera de que un espacio pequeño respire, de que la mirada no tropiece y la luz encuentre por dónde extenderse. Como en Long Sutton Studio, la madera no decora la arquitectura; la construye.

El diseño modular permite que el espacio cambie de función sin obras ni demoliciones. Casi todo el mobiliario está integrado en la construcción, la cama se abate cuando no se necesita y la escalera de peldaños alternos ocupa lo mínimo para subir al altillo. Los dos ámbitos de trabajo pueden funcionar por separado, cada uno con su propio silencio, y compartir el núcleo de servicios sin estorbarse.

La fachada principal se abre con un gran frente acristalado, completado por una puerta corredera. Esa envolvente transparente vuelca el estudio hacia el jardín y convierte el paisaje en parte del interior. La transición se siente natural: el umbral pierde su rigidez y el césped parece continuar dentro, sobre el suelo de madera.

Cuando el otoño tiñe los árboles o la tarde baña la hierba, la casa no compite: dialoga. La madera, la luz que entra tamizada por las hojas y la continuidad entre dentro y fuera construyen una relación pausada con el entorno vegetal, la misma que buscan pequeñas arquitecturas de jardín como Green Box, el refugio del jardinero.

Garden Studio no busca ser un escaparate arquitectónico, sino un lugar de uso diario, parco en metros y rico en posibilidades. En el día a día es un taller compartido; cuando llegan visitas, los mismos espacios se transforman en sala de estar, dormitorio y un altillo para dormir. El núcleo técnico bien resuelto permite que cualquiera de esas vidas sea completa, con su cocina y su baño, sin depender de la casa principal.

Hay algo de cabaña en esta caja de madera, y algo de laboratorio. Pertenece a una familia de arquitecturas mínimas que el Journal ha seguido de cerca, desde la mini-casa portátil Isolée hasta las tiny houses que reducen la vivienda a lo esencial.

El proyecto demuestra que no hace falta gran superficie para lograr confort: con inteligencia de diseño y honestidad material basta para albergar una vida entera, la del trabajo y la del descanso, la propia y la de los que llegan.