La Casa Mínima
La Casa Transportable ÁPH80, del Estudio de Arquitectura ÁBATON, al detalle en el País Semanal.
Su creadora, la arquitecto Camino Alonso nos explica los pormenores del proyecto, una vivenda mínima y sostenible que ha recibido varios premios internacionales, entre ellos dos Premios Architizer.
BATAVIA ha tenido del placer de colaborar en el proyecto de interiorismo.

Fotografías Asier de Rua
La ÁPH80 parte de una pregunta sencilla: ¿cuánto espacio necesita de verdad una vida? Otras respuestas a esa misma pregunta habitan el archivo del Journal: casas que flotan, se pliegan, se transportan o se cierran como un mueble.
Softshelter, de MOLO
El estudio MOLO, de Vancouver, investiga los materiales y la manera de crear espacio con ellos. Softshelter es un sistema de tabiques flexibles de papel pensado para levantar alojamientos temporales tras un desastre natural; su cierre forma habitáculos independientes y privados con un gesto sencillo.
En una vivienda diáfana o en un loft, esa misma piel divide el espacio sin levantar un muro.
Imágenes: MOLO
Schwimmhaus, de Confused-Direction
Una casa para navegar y vivir a la vez. El estudio alemán Confused-Direction —fundado por Flo Florian y Sascha Akkermann y dedicado a la arquitectura, el interiorismo y el mueble— diseñó esta casa flotante prefabricada y sostenible, de estética moderna, con una cubierta vegetal que le añade frescor. Está construida con madera de una antigua granja y otros materiales sostenibles.
Isolée, de Tjep.
Para evadirse del mundo moderno, el estudio Tjep. ideó una casa portátil y ecológica que apenas roza su entorno. Sus persianas abren la casa en toda su longitud; una calefacción inteligente integrada en la estructura y un árbol solar en lo alto reducen al mínimo su dependencia del combustible.
Sobre cuatro patas, parece más un mueble que un bloque: un objeto ligero, listo para cambiar de lugar.
Prototipos transportables, de Cannatà & Fernandes
Por encargo de la compañía DTS para la feria Concreta 2003, el estudio de Oporto Cannatà & Fernandes desarrolló una tipología modular capaz de ser vivienda temporal, observatorio medioambiental, puesto de bomberos, bar o quiosco: un módulo fabricable en serie, funcional y adaptable, que gana condiciones urbanas a medida que se le suman piezas.
Mide 27 m² (9 × 3 m), incorpora paneles fotovoltaicos y se ensambla antes de viajar en camión o en helicóptero. Más que un objeto, una invitación a repensar cómo ocupamos el espacio.
Fotografías: Luís Ferreira Alves
Cabaña en Coromandel, de Crosson Clarke Carnachan
En Coromandel (Nueva Zelanda), Crosson Clarke Carnachan concibió la casa como un contenedor apoyado con levedad sobre el terreno: una relectura del oficio neozelandés de la madera, con estructura y revestimientos expresados de forma pura. Recuerda a las presas que poblaban la zona a principios del siglo pasado, una pesada estructura vertical que sostiene otra horizontal de madera desnuda.
Un mecanismo sencillo en el porche abre la «caja» al llegar —y la convierte en terraza— y la cierra al marchar. Orientada al norte y a las vistas, se asienta entre arbustos como una cabaña rural: el salón se abre al sol como una tienda de campaña y los dormitorios se recogen hacia dentro, frescos. Una gran chimenea la hace habitable en invierno, y el baño abierto, con su bañera móvil, convierte el aseo diario en un ritual al aire libre.
Fotografías: Patrick Reynolds
Cabaña de playa transportable, de Crosson Clarke Carnachan
En la misma península, los mismos arquitectos llevaron un paso más allá la idea del bach, la sencilla casa de vacaciones neozelandesa frente al mar, sin adornos; uno de sus significados es algo que uno mismo se construye en tierra ajena, con materiales prestados. Aquí la estructura se ancla a dos enormes trineos de madera: en una costa castigada por la erosión, las casas deben poder moverse.
Forrada de madera que se funde con el paisaje, la cabaña cobra vida cuando su gran contraventana del lado nordeste se abre con una manivela industrial y se convierte en toldo; cuando no hay nadie, se cierra por completo. Dentro, de nuevo madera, con sanitarios y griferías industriales, y la terraza de la cubierta recoge el agua de lluvia en sus depósitos.





















