Casa Till
Hay casas que se anuncian desde lejos y otras que solo aparecen cuando ya se está encima de ellas. La Casa Till pertenece a la segunda especie. El estudio chileno WMR Arquitectos la levantó en los acantilados de Los Arcos, en la comuna de Navidad, sobre la costa central de Chile: un tramo de tierra alta y batida por el viento que cae a pique sobre el Pacífico y en el que, según los propios arquitectos, nunca se había construido.
Ese vacío fue el verdadero encargo. Los clientes, una pareja germano-chilena, pedían un pequeño refugio para los fines de semana; lo que no estaban dispuestos a pedir era que una casa rompiera la línea de un paisaje que hasta entonces había estado solo. La arquitectura tenía que estar allí sin hacerse notar.


Una línea en la ladera
Desde la carretera, la vivienda casi no existe. Se asienta prácticamente a ras del terreno y lo que asoma es apenas una cubierta plana entre los árboles, una franja horizontal que se confunde con el borde de la ladera. Quien llega por tierra ve sobre todo cielo. Solo al rodearla, cuando el suelo se rompe hacia el mar, la casa enseña su otra cara: los ángulos marcados, la geometría nítida de un volumen que se adelanta hacia el vacío, en contraste con la suavidad del relieve.
En esa doble condición está la clave del proyecto. Por un lado, la casa parece absorbida por el lugar, cedida a él; por otro, se afirma con toda su fuerza frente al océano. No hay mimetismo ingenuo, sino una medida exacta de cuánto debe mostrarse un edificio y hacia dónde.




La retícula de madera
La construcción se pensó de la manera más sencilla posible, con madera y mano de obra del lugar. La casa se ordena en módulos de 3,2 por 3,2 metros cuyo esqueleto —vigas y pilares— queda siempre a la vista, y el conjunto suma 185 metros cuadrados. Toda la estructura se impregnó con carbolíneo negro y los cerramientos se revistieron en un marrón oscuro, de modo que, vista desde lejos, la casa se lee como una sombra más entre los troncos. Dentro, en cambio, las paredes y los techos son blancos y el suelo es de madera: la oscuridad queda fuera, la luz se recoge dentro.
El salón, el comedor y la cocina ocupan el centro, en un único espacio abierto al mar. Los dos dormitorios, durante el día, forman parte de ese mismo ámbito; por la noche se cierran con grandes puertas correderas. Así, la planta cambia con las horas: abierta y continua mientras hay luz, recogida cuando llega la oscuridad.
Alrededor, las terrazas se extienden hacia el oeste, el norte y el sur para seguir las distintas intensidades del sol. Sus listones de dos por seis pulgadas, separados apenas dos pulgadas entre sí, filtran la luz y dibujan sobre la tarima una trama de sombras que se desplaza a lo largo del día. La cubierta, expuesta por completo al sol, se convierte en un solárium; al sur, una tina de madera calentada con leña se une mediante una rampa a la casa de invitados. La energía llega en parte de paneles solares, y la huella que deja la obra sobre el terreno es mínima.






Lo que enseña el acantilado
La Casa Till deja algunas lecciones para quien construye frente al mar. La primera, que la vista no necesita escaparate: basta con orientar bien unas pocas aberturas y dejar que el horizonte haga el resto. La segunda, que la materia oscura y el perfil bajo son formas de cortesía hacia el paisaje. La tercera, que una estructura modesta y honesta, montada con recursos cercanos, envejece con más dignidad que cualquier gesto. Son ideas que recorren también otras casas de ÁBATON junto al mar y obras como la Casa Puerto Nuevo, donde la madera y el paisaje mantienen un diálogo igual de callado, o la casa en el acantilado que este Journal recogió en su día.
La historia tuvo un epílogo amargo. Según publicó la revista The Plan, el incendio que asoló la costa central chilena en 2017 dejó la casa en ruinas. El cliente pidió a WMR que la levantara de nuevo en el mismo lugar, pero no como una copia literal: así nació Till II, otra casa que vuelve a medirse con el mismo acantilado y el mismo horizonte.
Ficha
- Arquitectura: WMR Arquitectos
- Lugar: Los Arcos, Navidad (Chile)
- Superficie: 185 m²
- Uso: refugio de fin de semana
Fotografías Sergio Pirrone


