Capilla de Avanto Architects
Vía Dezeen
Hay edificios que se proyectan para una temporada y otros que se piensan para varias generaciones de duelo. La capilla funeraria de St. Lawrence, en Vantaa, a las afueras de Helsinki, pertenece a la segunda especie: sus autores se fijaron como meta que durase doscientos años. No es una cifra retórica. Una simulación de su vida útil acompañó el proyecto, y cada material se eligió pensando en cómo envejecería, en cómo recibiría la pátina, la humedad y el paso de los inviernos.
El encargo nació de un concurso abierto convocado en 2003 por la Unión Parroquial de Vantaa. Entre 194 propuestas ganó una titulada «Polku», «Camino», firmada por dos arquitectos jóvenes, Anu Puustinen y Ville Hara, que tras el fallo fundaron Avanto Architects. La capilla se terminó en 2010 y ese mismo año fue reconocida en Finlandia como estructura de hormigón del año.

Un muro junto a la iglesia vieja
El lugar imponía prudencia. Junto al solar se alza la antigua iglesia de piedra de St. Lawrence, con su campanario, en un entorno que Finlandia protege como paisaje cultural de interés nacional. La capilla no compite con ella. Se tiende como un muro bajo que cierra el cementerio por el norte, oculta el patio de servicio y deja intactos los límites de los edificios antiguos. Su silueta recuerda los muros de piedra apilada que rodean las tumbas, y la piedra de los muretes de jardines y patios salió de la propia parcela.
Dentro de ese recinto de fábrica ortogonal se alojan tres capillas de distinto tamaño y, en una esquina, un campanario. Los muros portantes son de fábrica maciza, apenas enlucidos y encalados, y amortiguan los cambios de temperatura y humedad; los tabiques interiores son de hormigón blanco vertido en obra; el suelo de las zonas públicas, de pizarra. Arriba, una cubierta de cobre patinado a mano, como la de la iglesia vieja, anuncia que ambos edificios envejecerán al mismo ritmo. Construir en el sitio y confiar en el oficio fue tan decisivo como la durabilidad: la apuesta era por materiales cercanos, capaces de ganar dignidad con los años.
El camino del doliente
El proyecto no parte de una forma, sino de una experiencia: la de quien acude a despedir a alguien. Los recorridos tienen un único sentido y nunca se cruzan; nadie que llega se encuentra con quien ya se marcha. Entre una sala sagrada y la siguiente aparecen estancias intermedias que preparan el ánimo para la fase siguiente del funeral, como pausas en una frase larga.
Se llega bordeando el muro exterior, al pie del campanario. Tras doblar la esquina, un voladizo conduce a un pequeño patio con un estanque, y de ahí a un vestíbulo bajo y en penumbra. Una lucera continua acompaña el camino y lo guía hacia la capilla principal, alta y luminosa, donde los dolientes reciben al difunto. Al salir, otro voladizo y un jardín pequeño devuelven al visitante al cementerio. Los arquitectos describen la secuencia como el tránsito del alma cristiana de esta vida a la otra, y el edificio lo dice sin necesidad de símbolos: con la luz que crece, con la altura que se abre, con el silencio que la acústica y la ventilación protegen.
En planta baja quedan las dos capillas y una sala para el entierro de urnas; en el sótano, accesible desde el vestíbulo, un espacio para la despedida íntima del difunto. Las dependencias del personal se intercalan entre las zonas públicas, sin interrumpir el recorrido.
Una pantalla entre dos mundos
El gesto más delicado está en el muro que mira a las tumbas. Es semitransparente: los techos y los paños acristalados hacia el cementerio se cubren con una malla de cobre patinado que filtra la vista y reduce la ganancia de calor solar. Desde dentro, las cruces y los árboles se intuyen tras un velo metálico, presentes y a la vez lejanos. Avanto la llama una pantalla entre esta vida y el más allá, y quizá no haya mejor definición para un edificio cuyo oficio es acompañar una pérdida.
La capilla de St. Lawrence pertenece a una tradición finlandesa que confía en la luz natural y en la materia sin adornos, la misma que talló en la roca la iglesia de Temppeliaukio en Helsinki. Comparte también la contención de otras capillas que hemos recorrido aquí, como la que Álvaro Siza redujo a su mínima expresión, y la preocupación que movió nuestro propio panteón, junto a un olivo y un ciprés: cómo dar forma serena a la despedida. Su mayor lección es temporal. Proyectar para doscientos años obliga a pensar en quienes aún no han nacido y a aceptar que la obra solo estará terminada cuando el cobre haya cambiado de color muchas veces.
Ficha
- Obra: capilla de St. Lawrence
- Lugar: Vantaa, Finlandia
- Arquitectos: Avanto Architects (Anu Puustinen y Ville Hara)
- Cliente: Unión Parroquial de Vantaa
- Concurso: 2003 (lema «Polku», entre 194 propuestas)
- Finalización: 2010
- Superficie construida: 1.879 m²