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30 de septiembre de 2022
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Eva Espada Rebollo

Ueno Toshogu: arquitectura contemporánea en diálogo con la tradición japones

En el corazón del parque de Ueno, en Tokio, junto a un árbol ginkgo de más de 600 años y frente a uno de los santuarios más antiguos y simbólicos del país, se ha proyectado un pequeño pabellón que no pretende competir con la monumentalidad de su contexto, sino acompañarlo. El Meditation Pavilion y el Shrine Amulet Place of Conferment, diseñados como parte del nuevo acceso al Santuario Toshogu, son una lección de cómo la arquitectura puede operar con respeto, técnica y sentido ritual.

Pabellón de meditación de Hiroshi Nakamura en Ueno Toshogu, con cubierta en diente de sierra junto a un gran árbol

El santuario, fundado en 1627, honra a Tokugawa Ieyasu —figura fundacional del Japón moderno—, y se ubica en lo que tradicionalmente se conoce como la “Puerta del Demonio”, una orientación cargada de simbolismo. A pesar de terremotos, guerras y siglos de historia, el complejo ha llegado intacto hasta nuestros días. El reto, entonces, no era intervenir un espacio vacío, sino redibujar el gesto de aproximación sin alterar lo esencial.

Vista bajo el techo de rejilla de madera hacia el recinto de Ueno Toshogu y su muro rojo y verde

Interior del pabellón de Ueno Toshogu con techo de retícula oscura y vista del santuario por un hueco corrido

Mueble de madera con listones y mostrador del pabellón de Ueno Toshogu, bajo el techo oscuro de vigas

Detalle del cielo raso en retícula diagonal de madera oscura del pabellón de Ueno Toshogu

Una nueva coreografía para el acceso

El proyecto parte de una necesidad práctica: proteger las raíces del ginkgo, gravemente dañadas por el tránsito constante de visitantes. Para ello, se redefine el flujo mediante un jardín de grava blanca y un recorrido sinuoso que bordea el árbol en lugar de atravesarlo. Esta nueva coreografía de acceso crea una pausa, un umbral entre ciudad y santuario.

Dos piezas arquitectónicas acompañan el recorrido. Una de ellas acoge la ceremonia de entrega de amuletos, concebida no solo como transacción, sino como acto de oración. La otra es el Meditation Pavilion, un refugio frente al árbol, orientado a la contemplación, que permite al visitante aquietar la mente antes de entrar al santuario.

Maqueta del pabellón de Ueno Toshogu con cubierta amarilla plegada sobre muros blancos

Cubierta de chapa en diente de sierra del pabellón de Ueno Toshogu entre árboles y grava blanca

Pabellón de Hiroshi Nakamura & NAP en Ueno Toshogu, con cubierta quebrada y plataforma de madera sobre la grava

Cielo raso de lamas de cedro que vuela sobre un muro de piedra gris en Ueno Toshogu

Banco corrido de madera bajo la cubierta de lamas del pabellón, con luz y sombra sobre la grava

Plataforma de tablas de madera junto a un pilar oscuro bajo la cubierta inclinada de Ueno Toshogu

Patio de grava del santuario Ueno Toshogu con un ginkgo amarillo y el vuelo del pabellón

Pilares oscuros y cielo de lamas de madera en el pabellón de Ueno Toshogu, con el muro de piedra detrás

Cubierta quebrada de lamas de madera sostenida por pilares oscuros en el pabellón de Ueno Toshogu

Pabellón de Ueno Toshogu con cubierta de madera volada y un muro gris, entre árboles de otoño

Técnica estructural con raíz simbólica

El Meditation Pavilion se construye con madera de ginkgo recuperada del propio árbol, que, debilitado y hueco, tuvo que ser talado. En lugar de desecharlo, se lo convierte en materia viva de la cubierta: una estructura que se extiende 12 metros en voladizo, sin pilares laterales, gracias a una configuración tipo “shell” que equilibra esfuerzos como un juguete tensado. La cubierta, que parece desplegarse como un follaje suspendido, se inclina con discreción hacia el santuario, como si también rezara.

La precisión técnica no se impone, se adapta. Las piezas, de solo 60 mm de espesor, tuvieron que cortarse y secarse individualmente debido al estado del tronco original. Y sin embargo, el resultado no es un alarde estructural, sino un espacio silencioso que conduce la atención hacia dentro.

Hueco horizontal en el muro negro que enmarca un tronco con cuerda sagrada en Ueno Toshogu

Rendija en el muro negro del pabellón de Ueno Toshogu que deja ver un tronco con cuerda sagrada

Interior del pabellón de Ueno Toshogu con techo de madera y dos aberturas al cielo y al jardín

Arquitectura como ofrenda

El pabellón no busca protagonismo. Su techo envolvente guía la mirada, atenúa la luz, y acompaña el gesto de cerrar los ojos. Cuando el visitante gira, una rendija revela el tocón del viejo ginkgo, que ha comenzado a rebrotar. La arquitectura no solo resguarda el pasado, también prepara el futuro.

Aquí, construir no es levantar, sino saber ceder. Y el espacio, más que una forma, es una invitación al recogimiento. Una arquitectura que —como el santuario al que acompaña— ofrece consuelo sin exigir atención.

Sección constructiva del pabellón de Ueno Toshogu con la cubierta volada junto a un gran árbol

Alero de vigas oscuras del pabellón de Ueno Toshogu que enmarca los tejados del santuario y un pino

Cartel con caracteres japoneses en el despacho de amuletos del santuario Ueno Toshogu