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16 de enero de 2021
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Guillermo Santos García

Wall Farm: una brecha al pasado

Hay granjas que no se levantan de una vez, sino que se van sumando: un granero, un almacén, un cobertizo más, cada uno con su década y su oficio. Wall Farm es una de ellas, un conjunto disperso de graneros y dependencias en un paisaje agrícola que mira hacia el estuario del Stour, en el este de Inglaterra. El estudio londinense Woollacott Gilmartin lo ha convertido en vivienda sin borrar esa genealogía de construcciones humildes; la obra la ejecutó la constructora Cubitt Theobald.

El proyecto parte de una decisión casi arqueológica: dejar que el pasado asome. Los ladrillos viejos, las cerchas y la estructura de la cubierta siguen a la vista, y lo nuevo se coloca delante, sin llegar a ocultarlos. Entre una cosa y otra queda una rendija, una brecha por la que el granero sigue respirando.

Salón de Wall Farm de Woollacott Gilmartin bajo cerchas de granero, con sofá, butacas y ventanal al campo
Gran ventana de Wall Farm que enmarca un campo de lavanda, con butaca tapizada y mesa auxiliar

Una piel nueva bajo la cubierta antigua

En el interior, un trasdosado nuevo de placa de yeso aislada se curva y envuelve las estancias, pero se detiene antes de llegar arriba. Por encima de esa línea blanca reaparecen el ladrillo original, la estructura del tejado y sus acabados de siempre. La casa gana abrigo sin perder la memoria del granero: la parte baja pertenece al presente; la alta sigue siendo del campo. Incluso el pequeño porche que encuadra el paisaje deja ver los huecos y la construcción originales.

El gesto decisivo es lo que no se hizo. Los grandes volúmenes interiores se conservan enteros, sin forjados intermedios ni tabiques que troceen la nave. El espacio abierto se ordena con piezas exentas —plintos, armarios, muros que no llegan a tocar la cubierta—, de modo que la casa se organiza como una serie de muebles dentro de un gran vacío, y la altura del granero sigue leyéndose de un extremo a otro.

Un pabellón dentro del granero

En el salón, una chimenea exenta y un pabellón de madera pintada de blanco, con estantes y armarios, acotan una zona de estar dentro de la nave mayor. Es una habitación sin paredes completas, un lugar al que se llega más por la luz y el fuego que por una puerta. Detrás del pabellón, una escalera escondida sube a un estudio enmoquetado, una especie de nido suspendido desde el que se domina el salón y, más allá, el paisaje.

A lo largo de la nave principal corre un estante bajo de catorce metros que acoge una instalación de cerámica concebida para este lugar. Esa línea horizontal, paciente, mide el espacio como lo haría una cerca en el campo: acompaña el recorrido y deja que los objetos se ordenen sin prisa. En la cocina, bajo las cerchas blancas, la isla de mármol y la mesa de madera se apoyan contra el ladrillo viejo; en el comedor, un espejo dorado en forma de sol hace de contrapunto al muro de fábrica.

Salón de Wall Farm con sofás naranjas, chimenea exenta de hormigón y librerías blancas
Cocina de Wall Farm bajo cerchas blancas y muro de ladrillo, con isla de mármol y mesa de madera
Comedor de Wall Farm con muro de ladrillo, espejo dorado en forma de sol y librería baja

El tiempo del campo

Las dependencias menores encuentran también su nuevo uso. La torre de un antiguo almacén de grano alberga ahora habitaciones de invitados y un despacho, y un edificio de estudio, más bajo, enmarca junto a un banco de lavanda la vista del estuario desde el fuego del exterior. La granja sigue siendo un conjunto de piezas sueltas, pero ahora las une un mismo modo de habitar.

La axonometría del proyecto lo explica mejor que cualquier memoria: dibuja el recorrido del sol, los vientos y la posición del salón respecto al jardín tapiado y las terrazas exteriores. Es un dibujo de agricultor tanto como de arquitecto, atento a dónde calienta la luz y por dónde llega el viento. Los jardines de flores silvestres que rodean los graneros de madera oscura prolongan esa lectura: la casa no se separa del campo, se instala en sus estaciones.

Cubierta de cerchas metálicas blancas en un granero de Wall Farm con ventana al paisaje
Jardín de flores silvestres junto a un granero de madera oscura de Wall Farm al atardecer
Axonometría de Wall Farm de Woollacott Gilmartin con los graneros, jardines y recorrido del sol

Wall Farm pertenece a una familia de proyectos que el Journal ha seguido con atención, de la historia de un granero en desuso en Bélgica al collage de materiales de un granero en la campiña francesa, y que ÁBATON conoce de primera mano en obras como la reforma de un establo. En todos ellos late la misma pregunta: cómo vivir dentro de una arquitectura hecha para otra cosa sin domesticarla del todo. Aquí la respuesta es una brecha, una distancia mínima entre la piel nueva y el muro antiguo, suficiente para que el pasado siga a la vista.

Ficha

  • Proyecto: conversión de graneros y dependencias agrícolas en vivienda
  • Arquitectura: Woollacott Gilmartin
  • Construcción: Cubitt Theobald
  • Lugar: paisaje agrícola junto al estuario del Stour, Inglaterra