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4 de abril de 2016
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Carlos Alonso

Treinta volúmenes y seis viviendas por el Taller de Héctor Barroso

La fusión entre naturaleza y arquitectura siempre ha sonado a tópico, como si con ello se quisiera evocar el viejo mito de la cabaña primitiva para justificar retrospectivamente lo que poco tiene que ver con la naturaleza (la arquitectura, por definición, es un producto completamente artificial). Hay veces, no obstante, en las que ese manido argumento no es un pretexto sino una justa descripción de lo que el arquitecto ha logrado de manera soberbia. Así lo ilustra el complejo de viviendas firmado por el Taller Héctor Barroso en el Valle de Bravo en Méjico, un auténtico espacio para habitar, tanto en un sentido funcional como poético.
Volúmenes de tierra apisonada con escaleras exteriores entre pinos en las viviendas de Héctor Barroso, Valle de Bravo
Muros de tierra apisonada con escalera adosada y vegetación en las viviendas del Taller Héctor Barroso, Valle de Bravo
Calle interior entre volúmenes de tierra apisonada con una escalera exterior y pinos en Valle de Bravo
Patio estrecho con árbol entre muros de tierra y galería de madera en una vivienda del Taller Héctor Barroso
Cuatro volúmenes de tierra apisonada con huecos cuadrados iluminados entre los pinos de Valle de Bravo, México
El conjunto lo forman cinco viviendas idénticas sobre un solar de unos 1700 metros cuadrados. Cada vivienda está compuesta de seis volúmenes de distinta función y altura, articulados en torno a un patio interior de luz.
Maqueta del conjunto de treinta volúmenes del Taller Héctor Barroso sobre la ladera de Valle de Bravo
Fachada de una vivienda de tierra y madera iluminada al atardecer, con lámina de agua, en Valle de Bravo
Vivienda del Taller Héctor Barroso con volúmenes de tierra apisonada, grandes huecos y estanque ante los pinos
Pero la variación en la composición del modelo, la topografía del terreno y su vegetación no crean la menor impresión de repetición en el conjunto, sino más bien la de una variedad orgánica. Asimismo, los materiales están literalmente sacados de la tierra en la que se asientan los edificios.
Salón con ventanal de suelo a techo, vigas de madera y chimenea oscura en una vivienda de Héctor Barroso
Comedor con banco corrido de madera y paredes de tierra apisonada en una vivienda del Taller Héctor Barroso
Cocina empotrada en madera clara con estantes abiertos y muros de tierra apisonada en Valle de Bravo
El espléndido uso del ladrillo en muros interiores y exteriores, enlucidos con la misma tierra de las excavaciones; la madera empleada en la carpintería, en los techos y en el mobiliario parece sacada de los pinos que rodean el solar; los suelos de cerámica, los patios interiores en piedra y los caminos de acceso de tierra se funden perfectamente con el suelo rústico del entorno.
Comedor circular con chimenea y ventana cuadrada, vigas de madera y muros de tierra en una vivienda de Valle de Bravo
Dormitorio con cama blanca, techo de vigas inclinado y puerta abierta al bosque en una vivienda de Héctor Barroso
Pasillo entre muros de tierra apisonada y techo de vigas de madera que desemboca en un salón, Valle de Bravo
Difícil no ver aquí la huella de los maestros, de la calidez de un Luis Barragán, de las casas del desierto de Wright, de las volumetrías de Peter Zumthor, o aunque quede muy lejos de México, del mismísimo ayuntamiento de Säynätsalo de Aalto.
Maqueta en relieve de las cinco viviendas en hilera sobre la ladera del Taller Héctor Barroso Maqueta de hormigón con los volúmenes macizos de una vivienda del Taller Héctor Barroso y sus sombras Alzado de la hilera de viviendas del Taller Héctor Barroso entre los pinos de Valle de Bravo Planta de una vivienda del Taller Héctor Barroso con seis volúmenes dispuestos en torno a un patio central Planta de otra vivienda del Taller Héctor Barroso con los seis volúmenes y el patio sobre el terreno en pendiente