Solo Houses
En la comarca del Matarraña, en el extremo oriental de Teruel, los pinares y los olivos se extienden sobre una tierra quebrada que mira hacia los macizos de Els Ports. Allí, en el término de Cretas, el promotor francés Christian Bourdais y la galerista Eva Albarrán imaginaron Solo Houses: una colección de casas de vacaciones dispersas por el monte, cada una encargada a un arquitecto distinto y con una sola premisa, la libertad de pensar qué puede ser hoy una casa frente al paisaje.
La idea mira de reojo a las Case Study Houses que poblaron California a mediados del siglo XX: viviendas que eran a la vez refugio y manifiesto. Aquí el manifiesto es de hormigón, y la primera pieza en levantarse fue la de los chilenos Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen, un volumen que parece flotar sobre las copas de los árboles.

Un anillo suspendido
La casa de Pezo von Ellrichshausen se lee desde lejos como una línea horizontal tendida sobre el bosque. Es un cuerpo cuadrado de hormigón que se separa del suelo y descansa sobre un pedestal ciego, de modo que la vivienda queda partida en dos mitades que apenas se conocen: arriba, la parte visible, expuesta al viento y al horizonte; abajo, la base maciza que la vegetación termina por esconder. Según la ficha publicada por Arquitectura Viva, la obra suma 313 m2 construidos y se desarrolló entre 2009 y 2013.
En la planta elevada, un anillo perimetral medido por dieciséis columnas a distancias regulares organiza una secuencia de estancias sin función fija. Salón, dormitorio o estudio son nombres provisionales: lo que define cada pieza es el encuadre, el trozo de monte que queda atrapado entre dos pilares. Cuatro terrazas abiertas interrumpen el anillo y lo vuelcan hacia los cuatro puntos cardinales, como si la casa quisiera mirar en todas direcciones a la vez.
La materia y el horizonte
El hormigón conserva la huella de la tabla del encofrado. Esa textura de vetas, casi de madera fosilizada, recorre techos y muros y da al conjunto una gravedad antigua, como de construcción que siempre hubiera estado ahí. Frente a ella, los grandes paños de vidrio desaparecen: cuando se abren, la frontera entre interior y terraza se disuelve y la estancia se convierte en un mirador cubierto. Es la misma tensión entre peso y ligereza que recorre otras casas de hormigón reseñadas en este Journal, de la Casa Tólo, una cascada de hormigón a la Casa Leiria de Aires Mateus.
El mobiliario es escaso y deliberado. Una butaca, una mesa baja, una revista abierta en el suelo: objetos que no compiten con la vista y que apenas sirven para medir la escala del vacío. La arquitectura se retira para que el protagonista sea lo que ocurre fuera, la luz rasante de la tarde sobre las crestas, la sombra de los pinos desplazándose despacio por el pavimento.
Un suelo de agua
En el centro del anillo se abre el único recinto cerrado de la casa, y no tiene techo. Es un patio de muros altos, apenas perforados por cuatro huecos que miran al paisaje, cuyo suelo es una lámina de agua que refleja el cielo. La piscina deja de ser un equipamiento para convertirse en el corazón del proyecto: un lugar de recogimiento suspendido sobre el terreno, donde el monte solo se intuye a través de las ventanas y el resto es azul.
Esa inversión resume la intención de la casa. Lo íntimo está en lo más alto y a cielo abierto; lo expuesto, en la periferia. El refugio no es una cueva excavada en la tierra, como en tantas casas de vacaciones que buscan protegerse, sino una plataforma que se separa de ella para contemplarla con cierta distancia, casi con la serenidad de un templo.
Una colección en el monte
La casa de Pezo von Ellrichshausen fue la primera de una serie que Bourdais quiso confiar a una generación de arquitectos que entonces empezaba a despuntar. Entre los nombres invitados figuran Sou Fujimoto, Johnston Marklee, Studio Mumbai, MOS, Didier Faustino, Tatiana Bilbao, Barozzi Veiga o Smiljan Radic. La segunda en completarse fue la de Office Kersten Geers David Van Severen, terminada en 2017: una gran cubierta circular de 40 metros de diámetro que encierra un patio con jardín y piscina, tan horizontal como la de sus vecinos chilenos y, sin embargo, opuesta en todo lo demás.
Poco a poco, el monte de Cretas se va convirtiendo en un muestrario de maneras de habitar el paisaje, donde cada casa ensaya una respuesta distinta a la misma pregunta. En el otro extremo de la escala, el refugio que se esconde en lugar de mostrarse también ha tenido su sitio en estas páginas, como en aquellas vacaciones en un búnker.
Ficha
- Obra: Solo House (Casa Pezo), programa Solo Houses
- Arquitectos: Pezo von Ellrichshausen (Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen)
- Promotor: Christian Bourdais, Solo Houses
- Lugar: Cretas (Teruel), comarca del Matarraña
- Años: 2009–2013
- Superficie construida: 313 m2


