QUINTA DO VALLADO
Bodega. Peso da Regua, Portugal. La propuesta de ampliación de la bodega y el hotel concilia la necesidad de espacio de la bodega existente con una mejor integración en el paisaje. El objetivo de la intervención fue mantener las edificaciones existentes completándolas con la reorganización de las nuevas construcciones: depósito de fermentación, cava y recepción. La ampliación de una bodega que funciona por gravedad obliga a la comprensión de todo el sistema productivo así como al rigor, disciplina y restricción a la hora de definir las cotas de los edificios.Los nuevos volúmenes crean una relación de tensión y equilibrio entre edificios y topografía, integrándose en el terreno sin dejar de afirmar la naturaleza artificial de los mismos.
Arquitectos: GUEDES+DE CAMPOS

La cava dialoga con el paisaje tomando como referencia la topografía de las terrazas del Duero. La forma exterior de paralelepípedo e interior abovedado contribuyen a una óptima función térmica; la ausencia de material no resistente en las paredes (hormigón) crea una cámara de aire e infraestructura de túnel que da como resultado una ventilación natural. Todos los volúmenes se han construido en hormigón, con acabado abujardado en el interior; en el exterior, se han revestido las edificaciones con pizarra local tratada.
El vino también se construye. A la bodega del Duero se suman otras dos arquitecturas del archivo del Journal ligadas a la tierra y a la vid: una bodega riojana y una casa que se posa sobre otra bodega.
Bodegas Olarra, de IA+B Arkitektura
En Logroño, dentro de las naves de Bodegas Olarra, IA+B Arkitektura intervino en un espacio hexagonal nacido del cruce de tres edificios. Ese núcleo se convierte en el corazón de la bodega: un lugar para exponer y guardar los vinos, con una pequeña tienda y una barra de degustación. En el nivel superior, los espacios existentes se rediseñan para acoger oficinas, salas de reuniones y una sala de catas.
Una casa sobre una bodega, de Andreia Garcia y Diogo Aguiar
En Guimarães, Andreia Garcia y Diogo Aguiar levantaron una vivienda sobre la cubierta de una bodega existente, sin salirse del perímetro del edificio original: sus muros de piedra eran lo bastante robustos para soportar un nuevo forjado y una obra ligera.
La casa, de una sola planta, gira en torno al gran salón-comedor, flanqueado por cuatro volúmenes; los huecos entre ellos acogen la entrada, las ventanas y un amplio balcón abierto a la luz y al paisaje. El mayor es el baño, con ducha a ras de suelo y lucernario; otro guarda la cocina, y los dos restantes, armarios y una cama abatible. Una cubierta plana lo funde todo, y las reglas verticales de madera, dentro y fuera, dan coherencia al conjunto.
La ligereza de la madera descansa sobre los muros de piedra, que ahora hacen de zócalo, y el negro de suelos y techos —tan poco habitual en una casa— realza el paisaje y la vegetación y envuelve el interior en una gran placidez.






