Proyecto Escorzonera
- Proyecto de Arquitectura: ÁBATON
- Proyecto de Interiorismo: ÁBATON y Estudio Querencia
Nos ubicamos en diez mil metros cuadrados de parcela en pendiente de norte a sur, con un riachuelo que hay que cruzar para entrar y un arbolado preexistente: pinos de copa alta en la cota baja del sur, encinas en la parte norte, más llana. Es en esta zona donde las encinas se reparten generando claros entre ellas, marcando la ubicación de una casa de diseño, hacia el sur —la mejor orientación— y reservando el norte para el contacto directo con el campo. El resultado es una casa de diseño que se ordena con una lógica sencilla de enunciar y difícil de ejecutar: unos muros que organizan, y unos vacíos marcados por el arbolado que se habitan.
Encajada entre las encinas
Entramos por el sur, por la zona más baja del terreno, atravesando pinos de altas copas y cruzando un puente preexistente hacia el otro lado del riachuelo. Desde ahí el terreno sube hacia el norte, donde se allana, y es allí, entre encinas, donde se coloca la casa. La decisión de proyecto es anterior a cualquier plano: no despejar para construir, sino insertarse en los huecos del arbolado acomodándonos a la preexistencia. La casa se genera a partir de los vacíos hacia el sur, sin copas altas que lo tapen, dejando entrar el sol de invierno.
La vivienda se ordena en torno a una serie de muros de hormigón dispuestos como costillas de este a oeste. Y entre ellos se organizan las estancias, abiertas a sur y a norte para captar la luz en invierno y quedarse con las mejores vistas: el cielo, los pinos observados desde arriba. Sobre esos muros trabaja una estructura de madera contralaminada (CLT) vista.
Una sola planta a distinta altura
Toda la planta principal se mantiene a una misma cota; el terreno, no. Por eso ese único nivel llega al suelo de dos maneras. Al sur, la casa se eleva y ofrece una panorámica amplia de la parcela —los pinos vistos desde lo alto, la copa a la altura de la mirada—: porche, terraza y piscina quedan levantados sobre el terreno, a modo de mirador. Al norte, en cambio, el mismo suelo se encuentra con la tierra a ras y se abre a un jardín de encinas que el edificio arropa como un patio. Dos contactos con la naturaleza desde una misma altura que genera el carácter de esta casa de diseño.
Se entra a un espacio de distribución que enhebra las tres plantas: la principal (usos comunes, con una triple altura), la alta (despacho y salida a cubiertas) y el sótano (sala de juegos, garaje y zona de invitados). La entrada conecta de inmediato con el porche sur. La escalera, que solo se ve a tramos, asciende y desaparece entre los muros, con una clara voluntad escultórica. Cada ventana, por su parte, no encuadra «el paisaje» en abstracto: enmarcan árboles concretos.
La cocina, enterrada
Desde el eje principal de la vivienda crecen los dos brazos que contienen el espacio del patio. Uno es la cocina, con un office y salida directa al exterior. Al encontrarse el eje principal de la vivienda en cota cero, este volumen se va enterrando hacia el norte: la ventana queda a ras de suelo, ligeramente hundida, con la vegetación prácticamente entrando al interior.
Un espacio simétrico a norte y sur
El salón-comedor es el nexo entre la zona pública y la privada. Un espacio simétrico entre norte y sur, con ventanales que se esconden dentro de los muros: cuando se abren, la estancia deja de ser interior y funciona como porche, volcada a las dos orientaciones a la vez.
En el centro, una estantería de obra — un trabajo colaborativo entre arquitectura e interiorismo ÁBATON — separa los espacios. Ningún espacio queda desconectado del exterior: o se abre a él directamente, o lo hace a través de un porche.
Una casa de diseño siempre abierta
El dormitorio principal se expone por completo y se resguarda entre los árboles. Está ligeramente elevado y muy abierto al campo, pero las copas de las encinas hacen de filtro: dan privacidad y meten la vegetación dentro. Sus grandes ventanales tienen el mismo carácter escultórico que el resto de la casa. Cuenta con vestidor y baño, y el baño también se abre por completo al exterior, con las paredes acabadas en mortex.
En el otro brazo de la vivienda un segundo muro organiza los dormitorios de los niños. Y el extremo norte, una zona de estar, se vuelca al campo abierto.
En la planta alta hay un despacho con terraza hacia las vistas. La cubierta del salón es accesible y funciona como mirador, otro modo de estar en la parcela. La casa insiste en lo mismo desde todos sus rincones: cada estancia tiene su parte de intemperie.
Esta casa de diseño habla de conexión, de contacto con su entorno y de personalidad. Un trabajo casi escultórico que nace de los vacíos.