
Cocina Proyecto AS
- Proyecto ÁBATON
- Fotografías de Belén Imaz
En la casa de los patios, la cocina es el espacio bajo. Mientras el salón contiguo sube hasta los 3,6 metros y se abre como un porche, la cocina se recoge bajo un techo de 2,5 metros de hormigón visto, con la textura del encofrado a la vista. La diferencia no es un capricho: es nuestra manera de dar intimidad a la pieza más usada de la casa sin cerrarle una sola puerta. La circulación con el salón queda abierta; la sensación de estar en otro sitio, también.
Esa losa de hormigón que cubre la cocina sigue hacia el sur y sale al jardín convertida en el porche de la barbacoa. Dentro y fuera comparten techo, y eso lo cambia todo. En verano la cocina se desdobla: fogones dentro, parrilla fuera, un comedor de diario en el fondo de la cocina y otro al aire libre bajo la losa, con lámparas de colores y vistas a la piscina y al huerto.
El comedor de diario se abre al jardín por una ventana que, como otras en la casa, desaparece por completo en el muro. Cuando está abierta, la mesa está en el jardín. Cuando está cerrada, la mesa sigue mirando al jardín.
Elegimos el mobiliario para que no compita con la arquitectura: armarios en azul grisáceo, una isla de piedra oscura con el frente blanco, taburetes para desayunar y, junto al comedor, sillas amarillas bajo lámparas de cobre que ponen el único acento cálido en una paleta de hormigón, madera y gris.
Es la cocina de una familia con niños que confió en nosotros por segunda vez. Desde ella se ve el patio central, se oye el salón y se sale al jardín en dos pasos. El lugar donde más horas pasa una casa, resuelto con la menor altura.
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