Casa en Tulum
- Proyecto de arquitectura e interiorismo ÁBATON
La vivienda se levanta en Tulum, en la costa caribeña de México, dentro de la selva. Allí la temperatura apenas varía a lo largo del año y la humedad es alta y constante. Esas dos condiciones del trópico orientaron las decisiones del proyecto. Cuando la construcción terminó, la vegetación que se había retirado para edificar, volvió a crecer alrededor del edificio, que hoy queda envuelto por el bosque.
La idea que organiza el proyecto es sencilla de enunciar: toda la casa se dispone alrededor de un gran volumen central de tres alturas. A partir de ahí, tres elementos ordenan la vivienda —la luz natural, la vegetación y el agua— y un cuarto criterio la atraviesa de principio a fin: la privacidad de cada estancia.
El gran volumen central y la escalera
La casa se organiza en tres plantas en torno a un gran volumen central de tres alturas, doce metros en total, que funciona a la vez como vacío y como eje del proyecto. Por su perímetro circula una escalera de hormigón peldañeado que se apoya solo en puntos concretos de ese volumen, de manera que apenas toca los muros y parece desprenderse de ellos. La escalera da acceso a todas las habitaciones de la casa y, al aparecer y desaparecer entre los niveles, traza un recorrido sinuoso que algún visitante ha descrito como uno de esos espacios imposibles que dibujaba Escher.
Ese recorrido admite además una lectura cultural. En la arquitectura mesoamericana, la escalera y la serpiente aparecen con frecuencia como un mismo símbolo, asociado al movimiento, la transformación y el paso del tiempo. Una franja de luz, proyectada sobre el muro del volumen central por un lucernario cenital, se desplaza a lo largo del día y refuerza esa relación entre recorrido, luz y tiempo, resuelta aquí con un lenguaje contemporáneo.
La privacidad: dos patios
Uno de los criterios de partida fue garantizar la privacidad de todas las estancias. Para conseguirlo se proyectaron dos patios ajardinados: uno central y otro vinculado a un lateral de la vivienda. Cuando una habitación no da directamente al jardín delantero o trasero, se abre mediante huecos de luz hacia uno de esos patios. De este modo, cada estancia recibe luz natural y vegetación sin quedar expuesta a miradas exteriores: la privacidad se resuelve con verde, no con muros cerrados.
La luz natural y la ventilación
La luz natural es uno de los elementos protagonistas de la casa. En Tulum el sol incide de forma muy vertical durante todo el año, lo que permitió proyectar los huecos buscando entradas de luz concretas, que generan haces casi escultóricos en el interior. De noche, esos mismos huecos enmarcan vistas precisas desde puntos determinados de la vivienda: cada hueco responde a una intención de iluminación y, a la vez, a una imagen.
El mismo sistema de huecos y lucernarios resuelve la ventilación, una cuestión central en el trópico. Cada estancia puede abrirse por completo hacia un espacio exterior situado a su misma altura, lo que permite una ventilación cruzada permanente; los lucernarios y las pequeñas aberturas, colocados con precisión, completan un sistema de corrientes continuas que refresca la casa sin medios mecánicos.
Los espacios comunes
Los espacios más públicos —salón, comedor y cocina— se abren hacia la piscina a través de grandes carpinterías que se ocultan dentro de los muros. Al replegarse, eliminan por completo el límite entre interior y exterior. La cocina y el comedor se organizan en torno a una isla revestida con azulejo de barro cocido tradicional de la zona, que se prolonga sin interrupción hacia el patio y la piscina.
El agua: dos piscinas y dos bañeras
El agua aparece en el proyecto de varias maneras. Hay dos piscinas. La primera está en la planta alta y ofrece una vista despejada sobre las copas de los árboles del entorno, con sol durante todo el día. La segunda se sitúa en el jardín, integrada en el bosque que rodea la vivienda. El agua está presente también en las bañeras de las dos habitaciones más representativas de la casa: una vinculada a un patio vegetado y otra que ayuda a formalizar el acceso a una terraza privada del dormitorio. En todos los casos, el agua forma parte de la organización de la planta y no funciona como un añadido.
Los dormitorios
Los dormitorios mantienen el mismo lenguaje que el resto de la vivienda, pero como espacios más íntimos. Se relacionan con el exterior a través de terrazas que, además, regulan la incidencia del sol sobre los espacios comunes situados por debajo.
Un solo material que esculpe la casa
Todo el interior está revestido de chukum, una resina natural de árbol de uso tradicional en la región, aplicada como acabado continuo en suelos, paredes y techos. Ese acabado unifica todos los espacios y funciona como una piel única. Del mismo material surge buena parte del mobiliario, ejecutado en obra: las bañeras excavadas en los propios dormitorios, la zona de reunión del salón, hornacinas y escritorios. En esta vivienda no hay separación entre arquitectura e interiorismo; ambos provienen del mismo material y del mismo territorio.
El resultado es una casa que se entiende como una sola pieza: un mismo material, un mismo origen y un mismo gesto constructivo. La selva la rodea, la luz la recorre y el agua aparece en sus dos extremos, en la cubierta y en el jardín. Todo se dispone en torno al gran volumen central, que organiza la vivienda y conecta sus tres niveles.
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Tulum