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25 de septiembre de 2026
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Guillermo Santos García

Princes Studio: la calidez de lo construido

  • Arquitectura: Curious Practice Architects
  • Fotografía: Alexander McIntyre
  • Ubicación: Charlestown, NSW, Australia

Un pabellón de 35 m² construido en el jardín trasero de una pequeña casa de Newcastle, Australia. Madera, latón artesanal y revestimiento translúcido en un ejercicio de arquitectura asequible y premiada.

En Charlestown, al sur de Newcastle, una familia de cinco compartía una pequeña casa de tres habitaciones y un solo baño. La solución que propuso el estudio Curious Practice no fue ampliar ni reformar, sino añadir: un pabellón independiente de 35 metros cuadrados en el jardín trasero que, sin tocar lo existente, transformó por completo la forma de habitar el conjunto. Princes Studio nació de una pregunta aparentemente sencilla —¿cuánto espacio es realmente suficiente?— y su respuesta redefine lo que entendemos por vivienda y por confort.

La estructura de madera del pabellón no se oculta: se celebra. Las fijaciones quedan a la vista, los nudos del tejido estructural asumen su protagonismo, y el proceso constructivo se convierte en lenguaje arquitectónico. La herrería de latón fue encargada a un artesano local en Newcastle, y esa decisión —de proximidad, de cultura material— resuena en toda la obra. Un sistema de revestimiento translúcido desarrollado específicamente para el proyecto convive con ventanas de madera y pavimento de baldosa de terracota, creando una paleta de texturas rica y coherente, capaz de transformar la luz del día en materia viva sobre las paredes.

Aunque el proyecto nació en Australia, su mirada se dirige hacia Japón. La arquitectura japonesa —con su atención milimétrica a la escala, la materia y la relación entre interior y exterior— se filtra en Princes Studio sin literalidad: no como cita formal, sino como actitud ante el espacio reducido. El pabellón demuestra que la calidad arquitectónica no depende de los metros cuadrados sino de la precisión con que cada elemento es pensado y ejecutado. La planta única, de espacio diáfano, incorpora una mezanina para dormir que aprovecha la altura libre sin comprometer la generosidad del espacio principal.

Princes Studio fue construido por 200.000 dólares australianos —una cifra modesta en el contexto del mercado inmobiliario actual— y sin embargo no hace ninguna concesión en calidad arquitectónica. Al contrario: la economía de medios se convierte en argumento poético. El estudio ha sabido ver en las restricciones económicas un punto de partida creativo, y el resultado es un modelo reproducible y escalable de cómo la arquitectura puede responder a la crisis de la vivienda asequible sin renunciar a la belleza. El pabellón recibió el Premio al Pequeño Proyecto de Arquitectura en los AIA Newcastle Architecture Awards de 2024.