Saltar al contenido
|
15 de febrero de 2015
|
Pedro Ferrer

El pabellón alemán de Álvaro Siza

A tan solo unos kilómetros de Düsseldorf, la denominada Isla Museo de Hombroich reúne varios edificios para exposiciones junto a talleres de artistas en pleno valle del Ruhr.

Estanque rodeado de sauces y vegetación en la Isla Museo de Hombroich, entorno del museo de Álvaro Siza

Una de estas peculiares construcciones diseminadas en medio de la naturaleza, el Museo de Arquitectura, surgió de la colaboración entre Álvaro Siza y Rudolf Finsterwalder. El proyecto comenzó en 1995, cuando el arquitecto bávaro estaba trabajando en el estudio de Siza en Oporto, aunque por diversos motivos se fue demorando hasta su finalización en 2008.

Sala diáfana con suelo de madera y gran ventana panorámica sobre el prado en el museo de Siza en Hombroich

Lo primero que llama la atención es el material principal, un ladrillo jaspeado que recuerda a las granjas inglesas y que suaviza la linealidad del trazado. La elección no fue casual, pues otros de los pabellones del complejo –diseñados por Erwin Heerich– ya lo incorporaban. Sin embargo, a diferencia de estos, con un carácter más «totémico» en cuanto a su geometría, los volúmenes de Siza incorporan el paisaje en su planteamiento.

Patio de ladrillo jaspeado con ventana alargada en el museo de Álvaro Siza y Rudolf Finsterwalder en HombroichFachada de ladrillo jaspeado con ventanal corrido sobre un pavimento del mismo ladrillo en el museo de Hombroich

El museo consta de dos partes. La de mayor tamaño aloja los distintos espacios expositivos y tiene forma de U, por lo que genera un falso patio interior. Este lado abierto, unido a la presencia de grandes zonas acristaladas una frente a otra, hace que fluya el panorama exterior dentro de las salas.

Ventanal de ladrillo visto que deja ver dos sillas de madera y el paisaje al fondo en el museo de Siza

Un simple muro de ladrillo de la misma altura conecta esta área con el volumen menor, provisto de porche y terraza. Destinado a archivo fotográfico, es totalmente independiente de la construcción principal, quedando rodeado por la zona arbolada.

Pasarela de madera sobre el estanque junto al museo de Siza y Finsterwalder en la Isla Museo de Hombroich

Ventana de carpintería de madera abierta hacia un muro de ladrillo jaspeado en el museo de Álvaro Siza

Para los tejados se empleó acero revestido de zinc, mientras que la madera se usó profusamente en la estructura y los acabados interiores, como el techo de roble macizo.

Sala vacía de paredes blancas, suelo de madera y techo de madera con un pilar en el museo de Siza en Hombroich

Con unas formas extremadamente sencillas, ambos arquitectos huyen de la grandilocuencia, algo particularmente llamativo en uno de los laterales, donde un humilde portal de piedra blanca da la bienvenida a los visitantes.

Acceso de hormigón blanco escalonado en un muro de ladrillo del museo de Siza y Finsterwalder, Hombroich

Como curiosidad, este pabellón iba a ser en un principio un Instituto de Biofísica, pero un cambio de planes propició su actual destino: divulgar la arquitectura en un entorno apacible. Algo realmente paradójico si tenemos en cuenta que se asienta en los terrenos de una antigua base de misiles de la OTAN…