Paisajismos que sorprenden y emocionan
En los proyectos de ÁBATON el jardín no llega al final, cuando la casa ya está hecha y queda un resto de parcela por vestir. Llega antes. Como explica el propio estudio, el paisajismo surge «como una extensión natural de los proyectos de arquitectura, desde los primeros bocetos ya aparecen manchas de elementos vegetales, que resuelven determinados aspectos de proyecto».
Esas manchas son las primeras decisiones: dónde habrá sombra, qué se verá desde el salón, por dónde se entrará, qué árbol merece quedarse. El dibujo de la casa y el del jardín avanzan juntos, y a veces es el paisaje el que contiene a la arquitectura, y no al revés.


Lo que ya estaba
El estudio no entiende el paisajismo como una disciplina separada, sino como una prolongación del proyecto. Sus principios, sea cual sea el tamaño del encargo, empiezan por identificar y recoger los elementos naturales del lugar para incorporarlos desde el inicio como una preexistencia que ordena la acción de la arquitectura.

En la Casa CH esa idea se vuelve literal: el jardín se trazó alrededor de los pinos, las encinas y el olivo que ya ocupaban la parcela, y la nueva plantación se coloca bajo ellos y a su alrededor para que la casa no los desplace. Entre los muros de hormigón encofrado con tablilla de la entrada y los volúmenes blancos escalonados, un prado de vivaces y gramíneas de poco riego —salvias moradas, lavandas, equináceas rosas, crocosmias rojas— borra el límite entre dentro y fuera, y los arces japoneses se encienden de rojo cada otoño. En la Casa L el jardín se plantea igualmente como una extensión de la vivienda y no como decoración: grava en patios y bordes, losas y escalones de piedra, y salvias, gauras, verbenas y valerianas rojas compuestas con libertad junto a un arce japonés y las matas de hakonechloa.



Asimetría, vacío y color
Lo que se busca son jardines que sorprendan y emocionen, sin reglas estrictas en las combinaciones de plantas, en la ordenación ni en el espaciado, pero cuidando la armonía de las especies según su altura, su periodo de floración y su color. Hay en ello una lección aprendida de los jardines orientales: la asimetría en todos los elementos, la simplicidad de las formas, la belleza del vacío, una naturalidad que remite a la naturaleza salvaje y, a la vez, equilibrada y racional.



El proyecto de paisajismo AS lo muestra con claridad. La profundidad se construye con la altura y el color: junto a la casa, plantas bajas y blancas; a medida que el jardín se aleja, crecen y viran hacia los morados y los rosas, y junto a la piscina el verde lima se cruza con el naranja. En la entrada, la Salvia nemorosa ‘Caradonna’ acompaña a la Nepeta ‘Walker’s Low’; en el patio principal, un naranjo se rodea de agapantos blancos; en el patio del baño, un limonero convive con helechos arborescentes y plantas tropicales; y el camino de bicicletas de los niños se borda con mirtos, lavandas y phlomis.


Un jardín que pide poca agua
Esa libertad aparente descansa sobre criterios muy concretos: especies adaptadas al clima, poco riego, bajo mantenimiento y biodiversidad. En el jardín Stipa, la plantación se organiza en masas sueltas de aspecto espontáneo, compuestas para que el conjunto se lea con coherencia desde cualquier ángulo; se renuncia al césped donde no hace falta y las floraciones se suceden a lo largo del año —equináceas, crocosmias, penstemon, Verbena bonariensis, la propia Stipa tenuissima— para atraer a los polinizadores y suavizar la geometría quebrada de la casa. En Casa Arces, los desniveles originales del terreno se aprovechan para crear niveles de plantación y recorridos, y la mezcla de nepetas, salvias, Stachys byzantina, gauras y penstemon compone, al madurar, un paisaje silvestre de violetas, rosas y platas.


El resultado son jardines de contemplación, pensados para disfrutarse en todas las estaciones, donde la estructura y la textura sostienen el interés durante todo el año y el equilibrio entre orden y desorden devuelve una sensación de intimidad. Es la estela del movimiento naturalista, el llamado new perennial, del que el estudio reconoce sus fuentes: Nigel Dunnett, Piet Oudolf, Dan Pearson, Noel Kingsbury, Hans van Horssen, Sarah Price, Tom Stuart-Smith… y estupendos paisajistas nacionales como Fernando Martos, Planta Paisajistas o Urquijo Kastner. Otros jardines y referencias del estudio pueden recorrerse en la sección de paisajismo del Journal.

Fotografías de Belén Imaz, Carlos Muntadas, Fernando Alonso, Clara Farinella