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Casa de hormigón con pórtico de madera tras un prado de hierbas altas en House Between Two Rivers
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3 de julio de 2025
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Javier de Montero Fontan

House Between Two Rivers: una incisión en el terreno

  • Proyecto de

En Valle de Bravo, México, Taller 3000 ha trazado una residencia que emerge con discreción de un terreno marcado por la topografía: una cresta boscosa entre dos ríos, uno al norte y otro al sur. La casa no se posa en el paisaje, sino que se inserta en él mediante una estrategia rotunda: una incisión deliberada en la ladera, pensada para dialogar con la gravedad y la roca, sin dominar el sitio ni permitirse el gesto superfluo.

El encargo era una casa de fin de semana para una pareja y sus tres hijos adultos, concebida también como el lugar al que retirarse con los años. Quizá por eso la arquitectura de Sebastián Mancera tiene algo de paciencia: no busca la vista inmediata, sino la que se gana bajando, peldaño a peldaño, hacia el claro.

Se llega desde arriba, por la cubierta, y lo primero que aparece no es una fachada sino tres muros de hormigón colocados en serie, cada uno con una función precisa: recibir al visitante, ordenar los espacios de convivencia —cocina y sala— y proteger las zonas privadas. Lejos de ser barreras, estos muros articulan la vida doméstica. No levantan la casa; la empujan hacia dentro, contenida por el terreno.

Una escalera exterior pasa bajo una viga en voladizo y desciende hasta el nivel principal. Es el primer umbral, y el más elocuente: la luz se estrecha, la tierra sube a ambos lados y el cuerpo entiende, antes que la mirada, que está entrando en la ladera.

La arquitectura de House Between Two Rivers opera desde la sustracción, no desde la adición. Un muro de contención de unos cinco metros, de hormigón abujardado, retiene la tierra y define el plano desde el que el salón se asoma al oeste mediante una pared de puertas plegables de cedro. Cuando se abren de par en par, la sala deja de ser habitación y se vuelve porche, sombra tendida frente a los pinos.

La cocina, en cambio, queda semienterrada, guardada por el propio terreno, y la piscina se esconde más abajo, entre arbustos, como un agua que no quiere ser vista desde la casa. Una escalera trapezoidal enlaza el espacio social con el íntimo y permite que la vivienda descienda la pendiente sin romperla, con la lógica casi geológica de los estratos.

Los materiales mantienen un tono sobrio. Al hormigón abujardado de los muros de contención responde, en el ala de dormitorios, un bloque de hormigón con un revoco fino que deja intuir sus juntas cuando el aire se carga de humedad. Dentro, la madera templa la dureza de la obra: carpinterías de cedro, muebles de cocina de nogal, camas de madera; y en los baños, una cerámica menuda de Talavera que devuelve la luz alta de las ventanas.

La estrategia ambiental también es silenciosa. Los grandes muros acumulan el calor del día y lo devuelven en las noches frías, de modo que la casa no necesita calefacción adicional: le basta su propia masa. El agua llega bombeada desde un manantial cercano y la energía, de paneles solares próximos, al margen de la red. Nada de esto se exhibe; está, como los cimientos, en lo que no se ve.

House Between Two Rivers no es una cabaña en el bosque ni un pabellón sin peso: es un volumen preciso, condicionado por el terreno. El ala de descanso se hunde unos dos metros más en la ladera y mira al sur; sus habitaciones reciben la luz a través de tres pequeños patios plantados, pozos de verde que hacen de cada ventana un fragmento de bosque.

Así, el espacio social se asemeja a una terraza castigada por la luz, mientras el ala de los dormitorios se siente como una gruta. Entre una y otra no hay ruptura, sino un cambio de atmósfera y de umbral. Cada parte está pensada para que la arquitectura respete el entorno sin dominarlo, con una lógica que limita su presencia física, pero la multiplica emocionalmente. Es la misma intuición que recorre otras casas que aprenden a bajar con la pendiente, como la portuguesa Casa Tólo, cascada de hormigón, o las que funden piedra y hormigón en el paisaje montañoso mexicano.

  • Arquitectura: Sebastián Mancera + Taller 3000
  • Lugar: Acatitlán, Valle de Bravo (México)
  • Año: 2024
  • Superficie: unos 650 m²
  • Fotografía: César Béjar

Otra mirada sobre la construcción ligada al lugar, en «Arquitectura vegetal, local y consciente».