
Estudio multifuncional Love Shack de Second Edition:
- Diseñado por: Second Edition
- Fotografías: Hamish Mcintosh
Un estudio multifuncional en el jardín
En un tranquilo terreno suburbano de Sídney, el proyecto Love Shack replantea una tipología muy extendida: el estudio multifuncional en el jardín. Diseñado por Second Edition, el pequeño pabellón no pretende competir con la vivienda existente, sino actuar como un apéndice capaz de ampliar su vida cotidiana.
El volumen se apoya discretamente junto a la casa principal, pero mantiene autonomía espacial y funcional. Su programa es deliberadamente abierto: puede funcionar como dormitorio ocasional, sala de estar o espacio de trabajo. Esta flexibilidad responde a una idea sencilla pero cada vez más necesaria en la arquitectura doméstica contemporánea: crear espacios capaces de adaptarse a cambios de uso sin necesidad de ampliaciones constantes. En este sentido, Love Shack se plantea como un estudio multifuncional en jardín capaz de absorber distintas formas de habitar y trabajar.
Las puertas sólidas operables permiten ajustar el grado de apertura del edificio. Cerradas, convierten el estudio en un refugio introspectivo; abiertas, conectan el interior con el jardín. Sobre ellas, las aberturas de triforio introducen una luz filtrada que suaviza la atmósfera y refuerza la relación con el exterior.
Geometría precisa en una parcela compleja
La parcela triangular obligó a abandonar la lógica ortogonal habitual. En lugar de corregir la geometría del terreno, el proyecto la asume como parte del diseño. El baño se sitúa en el vértice más estrecho, resuelto mediante una columna de servicios trapezoidal que concentra instalaciones y define el espacio.
Esta decisión aparentemente menor tiene consecuencias importantes. Al agrupar las instalaciones en un único núcleo técnico, se evitan perforaciones innecesarias en la estructura y se reduce el desperdicio de material. En un edificio de escala reducida, este tipo de precisión constructiva se vuelve fundamental.
Materiales reutilizados y lógica modular
Uno de los aspectos más singulares del proyecto es su aproximación a la materialidad. Love Shack se construye a partir de una retícula de 1,2 metros y una altura de 2,1 metros, dimensiones derivadas de los formatos estándar de los materiales laminados. Esta modulación permite optimizar cortes, minimizar residuos y facilitar el montaje.
La estructura —vigas y viguetas— se compone íntegramente de madera reutilizada sin tratar. Paneles, puertas, ventanas y fachada funcionan como piezas prefabricadas insertadas dentro de esta estructura, generando una lógica de ensamblaje que sugiere desmontaje futuro.
Las superficies interiores y exteriores se convierten en una especie de laboratorio de reutilización. Los revoques incorporan mármol triturado recuperado localmente; los revestimientos interiores utilizan antiguas tarimas de madera de sebo transformadas en paneles. Incluso los restos de material se emplean para diseñar luminarias y elementos de iluminación.
Un pequeño prototipo de arquitectura circular
Los propios autores reconocen que construir con materiales reutilizados no siempre resulta más económico en el contexto actual de la industria. Sin embargo, Love Shack plantea algo más interesante que una simple optimización de costes.
El proyecto funciona como un prototipo de arquitectura sostenible a partir de un estudio multifuncional en jardín. Un ejercicio que demuestra cómo el cuidado en los detalles, la paciencia en la selección de materiales y una lógica modular pueden generar espacios capaces de evolucionar con el tiempo.
En apenas unos metros cuadrados, este pequeño estudio sugiere una idea más amplia: que la arquitectura doméstica del futuro podría construirse menos desde la acumulación y más desde la adaptación.













