CASA DEL PICO por Estudio ÁBATON
Hay terrenos que se dejan allanar y otros que exigen ser escuchados. La parcela de la Casa del Pico, un solar de mil metros cuadrados, cae con fuerza desde la calle hasta su fondo, y bajo la tierra asoma, terca y antigua, la roca granítica. ÁBATON no quiso discutir con ninguna de las dos cosas. Del desnivel nació una vivienda aislada en dos plantas; de la piedra, la idea que la sostiene: dos estructuras que parecen flotar sobre el propio granito, apoyadas en él sin borrarlo.
El estudio firmó la arquitectura y la construcción de la casa, de 292 metros cuadrados, y el interiorismo corrió a cargo de BATAVIA. Esa continuidad, del primer trazo a la última pieza de mobiliario, se percibe en la manera en que la obra conversa con el lugar: la roca no queda escondida bajo un sótano, sino a la vista, como un zócalo natural del que surgen los volúmenes blancos.

La piedra como cimiento y como memoria
El granito no es aquí un obstáculo resuelto, sino el punto de partida del proyecto. Las dos piezas de la vivienda se posan sobre la roca y dejan que aflore en el jardín, entre arbustos, junto a un basamento de hormigón que media entre la materia mineral y el plano liso de las fachadas. Desde fuera, la casa se lee como un par de cajas suspendidas sobre un paisaje que existía antes que ellas y que seguirá ahí después.




La misma lógica alcanza al agua. Para trasladar la geometría de la roca, el fondo de la piscina es irregular e imita las formas del granito sobre el que se asienta. El vaso deja de ser un prisma abstracto y se convierte en una superficie que recuerda la piedra que lo sostiene: bajo la lámina, el relieve del terreno; sobre ella, el reflejo de la casa.
La planta inferior se concibió para estar más en contacto con el exterior, y por eso el jardín se diseñó con mayor amplitud a ese nivel. Es la cota del suelo, del césped y de la roca, la que pide salir.
Tres encinas en el centro
Se entra por un lateral, en la zona central de la vivienda. Nada más cruzar el umbral, un gran vidrio deja ver tres encinas: los árboles alrededor de los cuales se dibujó toda la casa. La primera imagen del interior es, en realidad, exterior. El patio que las acoge, con su muro blanco y sus plantas de hoja roja, funciona como un cuadro vivo que cambia con las estaciones y ordena la mirada de quien llega.
La planta superior, donde se reúnen la zona de estar y la de los niños, se vinculó a la piscina. El salón, con su pilar circular de hormigón y su suelo de piedra clara, queda así ligado al agua.
Una casa que se mide en alturas
Todas las estancias de la casa se distinguen entre sí por la diferencia de altura en suelos y techos: un cambio de cota, un techo que baja o se eleva, bastan para que cada espacio adquiera su propio carácter sin perder la continuidad del conjunto. La escalera de piedra, con su barandilla negra entre paneles blancos, es el hilo que cose esos niveles.
Sobre el salón se abre una terraza con vistas sobre la sierra y la ciudad. Allí no hay barandilla ligera, sino un banco de obra muy profundo que hace las veces de defensa: un borde habitable donde sentarse a mirar el horizonte, y que protege sin interponerse. Es quizá la síntesis de la casa entera, un elemento construido que resuelve a la vez la seguridad, el reposo y la contemplación.
Los dibujos del proyecto, el alzado frontal, las plantas y la sección longitudinal, explican con claridad esa sucesión de cotas y la manera en que los volúmenes se acomodan a la pendiente sobre el granito.
Materia
La paleta es sobria y precisa. Los suelos son de piedra caliza apomazada; los muros, de hormigón armado; los cerramientos de fachada, de ladrillo revestido de mortero monocapa. Las cubiertas son planas, con acabado de grava, y las carpinterías combinan la madera de DM lacada en blanco con el aluminio lacado. La puerta de acceso, de acero, marca el umbral con peso. La climatización se resuelve con aire acondicionado por conductos y calefacción por suelo radiante, de modo que nada interrumpe la limpieza de los paramentos.
Esta vivienda se suma a los proyectos de arquitectura firmados por ÁBATON, en los que el terreno y la vegetación existente marcan a menudo el partido, como ocurre en la Casa de las encinas.
Ficha
- Arquitectura y construcción: ÁBATON Arquitectura
- Interiorismo: BATAVIA
- Superficie construida: 292 m²
- Superficie del terreno: 1.000 m²









