Can Guillem i na Cati: la casa que abraza el solar
- Arquitectura: TEd'A arquitectes
- Fotografía: TEd'A arquitectes
En Montuïri, el estudio mallorquín TEd’A arquitectes resuelve una vivienda unifamiliar que ocupa toda la superficie de la parcela. La casa y el patio se complementan para liberar un espacio intersticial entre construcciones vecinas. Muros de carga de bloque de hormigón vibrado visto y una fachada exterior de alta inercia en marés definen la contundencia material de este proyecto.
Territorio y límite
Can Guillem i na Cati es una vivienda unifamiliar proyectada por TEd’A arquitectes en Montuïri, un pequeño municipio del interior de Mallorca. La propuesta parte de una decisión radical: la casa ocupa toda la superficie de la parcela. No hay jardín perimetral, no hay retranqueos; el perímetro del solar se convierte en el límite mismo de la arquitectura.
En lugar de liberar espacio alrededor del edificio, el proyecto lo genera en su interior. Un patio-calle se abre entre la nueva construcción y la residencia contigua, creando un espacio compartido que regula la relación entre lo privado y lo colectivo. La casa y el patio son, en este sentido, piezas complementarias de un mismo mecanismo urbano.
La materia como argumento
La materialidad de Can Guillem i na Cati no es un accesorio: es el fundamento conceptual del proyecto. Los muros de carga interiores se ejecutan con bloques de hormigón vibrado visto, dejando al descubierto la lógica estructural que ordena los espacios. Las viguetas y los dinteles responden al mismo sistema, exponiendo sin pudor su condición constructiva.
La fachada exterior adopta un sistema de doble hoja de alta inercia térmica: piezas de marés —la piedra caliza porosa característica de las Baleares— de 15 y 20 centímetros de grosor se intercalan para componer un cerramiento que regula la temperatura interior de forma pasiva. Este material, extraído del propio territorio insular, conecta la obra con una tradición vernácula que TEd’A lleva años reinterpretando.
El patio como arquitectura
La distribución interior sigue la lógica del muro de carga longitudinal, que conecta los dos lados de la casa y organiza los espacios en torno a la relación entre interior y exterior. Los interiores no se conciben como habitaciones cerradas sino como secuencias de espacio vinculadas al patio y a la luz natural.
El resultado es una arquitectura doméstica que reivindica la contención como virtud. Ni el programa ni los materiales buscan la novedad por sí misma: todo está al servicio de una vida cotidiana austera y profundamente habitada. Can Guillem i na Cati es una casa que sabe estar en su lugar.