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8 de noviembre de 2015
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Pedro Ferrer

Bosc d’en Pep Ferrer surge de la roca como vigía contemporáneo de la costa de Formentera

La buena arquitectura busca siempre un diálogo fluido con el medio natural sobre el que se asienta. El juego con las dimensiones y las perspectivas, la buena elección de materiales y la integración total en el paisaje marcan el camino hacia un excelente trabajo. Algo que podemos admirar en la casa Bosc d’en Pep Ferrer, que domina la amplia parcela que le da nombre junto a la playa de Migjorn, en el sur de la isla de Formentera.

Volumen de listones de madera gris sobre la roca de la costa en Bosc d'en Pep Ferrer, Formentera

Bosc d'en Pep Ferrer con su volumen de madera y el murete blanco de la piscina entre la roca y la vegetación

Con diseño del arquitecto local, queda incorporada a un entorno vegetal roto tan solo por la silueta circular de la Torre des Pi des Català, un pequeño enclave defensivo del siglo XVIII.

Volumen de madera gris con piscina blanca encastrada en la roca y el mar al fondo, en Bosc d'en Pep Ferrer

Tres volúmenes blancos con huecos abiertos sobre el terreno rocoso de Bosc d'en Pep Ferrer, en Formentera

El proyecto se inició «esculpiendo» la roca que aflora en la parcela. Así se obtuvo una planta inferior monolítica, un espacio arquitectónico sobre el que reposan tres módulos paralelos construidos en seco. La alternancia de estas airosas estructuras y los vacíos, así como la sucesión de patios y pasarelas de conexión, le proporcionan un notable dinamismo y una iluminación natural excelente.

Patio con pasarela de madera sobre la cueva natural y pasarela de vidrio en Bosc d'en Pep Ferrer

Salón blanco con carpintería de madera abierto a un muro de roca natural en Bosc d'en Pep Ferrer

Roca viva que asoma entre muros blancos, con el volumen de madera tras el vidrio, en Bosc d'en Pep Ferrer

El diseño tuvo además un colaborador artístico inesperado, ya que al realizar los trabajos de excavación se encontró una cueva natural en el patio de acceso principal. La integración posterior en el conjunto aporta un carácter único a un trazado ya de por sí peculiar.

Cueva natural aparecida durante las obras, abierta al cielo y a un patio blanco, en Bosc d'en Pep Ferrer, Formentera

Patio con roca natural entre pavimentos de piedra y madera y un baño blanco en Bosc d'en Pep Ferrer

La casa se organiza en tres niveles. Dada la presencia del sustrato rocoso, el inferior no precisó de muros de contención, tan solo de una ligera estructura de hormigón sobre la que descansan los bloques rectangulares de la planta superior. Castelló juega en todos los rincones del edificio con la difuminación de barreras entre interior y exterior. El abundante acristalamiento, la roca vista y un revestimiento de madera que envuelve amplias zonas de la vivienda contribuyen a potenciar esas sensaciones.

Sección de Bosc d'en Pep Ferrer con la planta semienterrada en la roca y las estancias bajo la cubierta Patio entarimado con una bicicleta y muro de roca bajo el volumen de madera de Bosc d'en Pep Ferrer

Patio blanco con suelo de madera y bancos de piedra bajo el voladizo de madera de Bosc d'en Pep Ferrer

Con un criterio de bioconstrucción muy claro, se primó el uso de materiales naturales: gravas de la propia excavación, madera de pino y abeto, piedra caliza, mármol blanco, paneles de algodón reciclado… De este modo, se incorporaron sistemas bioclimáticos pasivos, como los cerramientos permeables al vapor de agua, muy eficaces en climas como el de la isla y que disminuyen el gasto energético diario.

Maqueta de Bosc d'en Pep Ferrer sobre las curvas de nivel del terreno rocoso de Formentera

Maqueta con la planta de los volúmenes de Bosc d'en Pep Ferrer abierta sobre la topografía de Formentera

Maqueta de los tres volúmenes de Bosc d'en Pep Ferrer sobre la base del terreno en Formentera

Maqueta de Bosc d'en Pep Ferrer desde otro ángulo, con tres volúmenes alineados sobre las curvas de nivel