Saltar al contenido
|
10 de febrero de 2012
|
Javier de Montero Fontan

XXV Icehotel en jukkasjärvi

Hay arquitecturas que se levantan contra el tiempo y otras que aceptan pertenecerle. El Icehotel de Jukkasjärvi, en la Laponia sueca, es de las segundas: un edificio que nace cada otoño del hielo del río Torne y que, cuando llega el deshielo, vuelve al cauce del que salió. Su historia empieza casi por accidente. En la primavera de 1990, el artista francés Jannot Derid expuso su obra en un iglú cilíndrico levantado en el pueblo. Una noche no quedaban camas libres, y algunos visitantes pidieron permiso para dormir dentro de la exposición, en sacos sobre pieles de reno. Fueron los primeros huéspedes del hotel de hielo.

Lo que siguió fue una costumbre convertida en arquitectura. Bajo el impulso de su fundador, Yngve Bergqvist, aquel iglú fue creciendo hasta reunir habitaciones, un restaurante, el primer Icebar, abierto en 1994, y hasta una iglesia de hielo que la parroquia de Jukkasjärvi usa como templo. En el invierno de 2014–2015 el hotel celebró su XXV edición: veinticinco veces construido, veinticinco veces devuelto al río.

Habitación del Icehotel con paredes de nieve en espiral escalonada alrededor de una cama cubierta de pieles

El ciclo del agua helada

La obra empieza mucho antes de que caiga la primera nevada. En marzo, cuando el Torne está aún congelado, se cortan unas 1.000 toneladas de hielo que pasan el verano en cámaras frías. En octubre arranca la construcción, con un equipo de un centenar de personas, y en diciembre el hotel abre sus puertas. Su estructura no es de bloques de hielo, sino de «snice», una mezcla de nieve y partículas de hielo del río con aire: alrededor de 30.000 metros cúbicos que dan estabilidad a las bóvedas sin borrar su condición pasajera. El hielo transparente queda para lo que debe brillar: las esculturas, las barras, los vasos.

Dentro, la temperatura ronda los cinco grados bajo cero. La luz entra filtrada, como a través de un párpado, y la nieve compactada absorbe el sonido hasta dejar un silencio casi táctil. En abril, con la primavera, el edificio empieza a ceder y regresa al agua. No hay ruina ni demolición: solo un río que recupera lo que había prestado.

Cama con pieles bajo arcos de hielo translúcido en una habitación blanca del Icehotel de Jukkasjärvi
Cama con pieles en una suite del Icehotel con letras tipográficas talladas en relieve en la pared de nieve
Habitación de nieve del Icehotel con banco y mesa de hielo, pieles y paredes de formas orgánicas

Un museo que se duerme

Cada edición cambia por completo. Los artistas presentan sus propuestas, un jurado elige las que habitarán el hotel ese invierno y cada uno recibe un espacio en bruto para tallarlo. En la XXV edición participaron 42 artistas de 11 países, autores de las suites de arte, el Icebar y las salas comunes, en un conjunto de 61 habitaciones dentro de los pabellones de hielo. Unas 50.000 personas visitan el lugar cada invierno, y muchas de ellas solo pasan para mirar.

Las suites de aquella temporada iban de lo escultórico a lo lumínico y lo tipográfico. En «Hot Type in a Cold Setting», John Bark y Charli Kasselbäck invitaban a dormir en mitad de un proceso de impresión, entre tipos móviles agigantados y tallados en hielo azul. Tomasz Czajkowski y Eryk Marks reprodujeron en «Borderland» la decoración popular de las casas de los pueblos del este de Polonia de donde procedían sus abuelos. Lotta Lampa y Julia Gamborg Nielsen firmaron «Abject Beauty»; Wilfred Stijger y Edith van de Wetering, «Spring»; el español José Carlos Cabello Millán, «Two as One». Otras piezas jugaban con el engranaje de un reloj, en «Time Piece», o con una selva tropical en la que Ulrika Tallving y Urs Koller llamaban la atención sobre el orangután, especie amenazada. El Icebar de esa edición, «Boom», fue obra de Wouter Biegelaar, Viktor Tsarski y Maurizio Perron.

Suite del Icehotel con espiral luminosa tallada en la pared, lámpara de esferas y cama redonda con pieles
Habitación del Icehotel de Jukkasjärvi con cama de hielo cubierta de pieles y paredes de nieve esculpida
Suite del Icehotel con arco apuntado de hielo iluminado y cama con pieles sobre una base cristalina

La belleza de lo provisional

Lo que convierte al Icehotel en algo más que una curiosidad hotelera es su relación con el tiempo. La arquitectura suele medirse en siglos; esta se mide en estaciones. El edificio no envejece, porque no dura lo bastante para hacerlo, y esa brevedad obliga a cada artista a trabajar sabiendo que su obra tiene fecha de caducidad. Hay algo de rito en ese gesto anual de cortar, almacenar, tallar y dejar marchar, una idea cercana a otras obras efímeras que transforman un lugar durante unos meses y luego desaparecen.

Las camas de hielo cubiertas de pieles, los arcos apuntados que se iluminan desde dentro, las espirales excavadas en los muros de nieve: todo parece pensado para una sola mirada, la del huésped que pasa allí la noche. La escena recuerda a otros castillos de hielo levantados para el invierno, pero aquí la ambición es otra: no se trata de un decorado, sino de un edificio habitado que, durante unos meses, funciona como museo, hotel y taller a la vez.

Sala del Icehotel con salpicaduras talladas en hielo azul y dos figuras pequeñas al fondo de un vano
Suite azulada del Icehotel con bóveda decorada y cama con cabecero de hielo calado y pieles
Grandes tipos de imprenta tallados en bloques de hielo azul en una habitación del Icehotel
Escultura de hielo con puntas afiladas y formas florales iluminada en azul en el Icehotel

Ficha

  • Edificio: Icehotel, XXV edición (temporada 2014–2015).
  • Lugar: Jukkasjärvi, Laponia (Suecia).
  • Materiales: hielo y snice del río Torne.
  • Participantes: 42 artistas de 11 países.
  • Fotografía: Paulina Holmgren.