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2 de noviembre de 2018
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Pedro Ferrer

Una envolvente de ladrillo para alentar la creatividad

La presencia monolítica del Estudio Iturbide no pasa desapercibida en el barrio del Niño Jesús de Ciudad de México. Un imponente edificio de ladrillo rojo que se eleva a modo de torre sobre un terreno de 7×14 metros. Situado a tan solo unos pasos del domicilio de la fotógrafa Graciela Iturbide, es obra de la firma Taller de Arquitectura, liderada por uno de los hijos de la artista mexicana –Mauricio Rocha– y Gabriela Carrillo.

Fachada de ladrillo calado rojo del Estudio Iturbide en el barrio del Niño Jesús, México, vista desde la calle

Sala de trabajo con viguería de madera abierta a un patio con plantas en el Estudio Iturbide, México

Desarrollado en tres niveles, «extruye de manera literal sus medidas en planta para convertirse en una sólida pieza de barro». Efectivamente, el ladrillo conforma los volúmenes, decora y da personalidad propia a cada espacio mediante su simple disposición en patrones o aparejos diferentes.

Patio de ladrillo en espiga con celosía y carpintería de madera en el Estudio Iturbide de Mauricio Rocha

Muros de celosía de ladrillo rojo con luz rasante en un patio del Estudio Iturbide, México

De las dos bandas perpendiculares a la fachada en que se divide el estudio, la más estrecha contiene las escaleras, los baños y una gran estantería a medida en madera y acero lacado que recorre de arriba abajo todo el muro medianero.

Mesa de trabajo entre muros laterales de celosía de ladrillo y techo de vigas de madera en el Estudio Iturbide

Patio con plantas junto a un muro de celosía de ladrillo y una carpintería corredera de madera, Estudio Iturbide

La banda más ancha, en cambio, es la que define los espacios para las habitaciones principales. Se decidió construir solo en la zona central, dejando dos vacíos a cada lado que funcionan como patios interiores con una altura inusual. La presencia de estas áreas diáfanas en los extremos de la parcela hace posible una iluminación natural atenuada, intimista. A su vez, las aberturas entre las piezas de material cerámico crean un juego de luces y sombras que va cambiando con el transcurso del día.

Vista cenital del patio con helechos y pavimento de ladrillo en espiga rodeado de celosías, Estudio Iturbide

Detalle de la celosía de ladrillo hueco que filtra la luz en la envolvente del Estudio Iturbide

Pasillo de ladrillo con estantería y contraventana de lamas de madera en el Estudio Iturbide, México

Si analizamos cada nivel, en la planta baja se sitúa una zona de recepción con espacios ajardinados a ambos lados. Un tramo de escaleras nos conduce a un área algo más privada, ideal para reuniones, mientras que la segunda planta alberga el estudio propiamente dicho. El programa se cierra con una gran azotea con pérgola y vistas al entorno arbolado.

Sala de estar con techo de vigas de madera y puerta de vidrio al patio en el Estudio Iturbide de Rocha y Carrillo

Ventanal corredero y sombras de la celosía de ladrillo sobre el suelo de una sala del Estudio Iturbide

Terraza con cactus y pérgola de madera junto a un muro de ladrillo en el Estudio Iturbide, México

Los cerramientos acristalados de suelo a techo evitan romper la magia de los patios interiores, favorecida por la continuidad del ladrillo como elemento constructivo dentro de las estancias. Su presencia masiva llega a ocultar casi por completo el armazón interno de acero y hormigón; hasta la madera de tzalam se mimetiza en colorido con las piezas cerámicas. En definitiva, un estudio cerrado sobre sí mismo en busca de la paz y la concentración necesarias para alentar la creatividad.

Despacho con ventanal tras la celosía de ladrillo y techo de vigas de madera en el Estudio Iturbide

Mesa de madera junto a un ventanal con celosía de ladrillo en el Estudio Iturbide de Rocha y Carrillo

Patio vertical visto desde abajo con celosía de ladrillo y cielo azul en la torre del Estudio Iturbide

Torre de ladrillo calado y patio con palmeras desde el suelo, Estudio Iturbide, México