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16 de febrero de 2018
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Pedro Ferrer

Un viaje por el alma de nuestro entorno con Guillermo Santos.

Nacido en Mieres (Asturias), aunque afincado en Madrid, el joven arquitecto Guillermo Santos (@guillermosantosg) utiliza la cámara para dar rienda suelta a sus inquietudes artísticas. Como fotógrafo autodidacta, su trabajo explora las posibilidades del color, la luz, la geometría y hasta las texturas de distintos lugares para entender cómo la sociedad imagina y construye su entorno.

Esquina de ventanales con montantes rojos y vidrio translúcido, fotografía de Guillermo Santos

Santos toma instantáneas no solo en sus viajes, sino también en sus paseos cotidianos, donde cualquier rincón sin lustre aparente –un simple muro de contención en una escombrera, por ejemplo– puede convertirse en fuente de inspiración para el ojo entrenado.

Estructura metálica con un aro naranja tras una valla azul, fotografía de Guillermo Santos

Filas de sillas plegables doradas junto a una ventana, fotografía de Guillermo Santos

Como decía André Kertész, a la hora de capturar instantes ver no es suficiente, hay que sentir lo que uno está fotografiando. Al igual que el maestro húngaro, Santos proyecta cierta mirada poética en sus imágenes. Y se sirve para ello de su profesión, con una estética abstracta que define cada lugar mostrando ese ángulo especial de los detalles comunes, una perspectiva o un encuadre sutil capaz de evocar lo inesperado.

Piscina turquesa con barandilla blanca sobre unas gradas de hormigón, fotografía de Guillermo Santos

Rótulo vertical del Milner Hotel sobre una fachada oscura de ventanas, fotografía de Guillermo Santos

De este modo, ha ido consolidando un único proyecto, continuado en el tiempo. Guiado por la intuición y el talento, nos ofrece un paseo por las emociones a través de una paleta arquitectónica de lo más ecléctica, desde el clasicismo hasta las últimas tendencias.

Díptico de dos vistas: ventana sobre arbolado y puerta de vidrio junto a un muro blanco, de Guillermo Santos

Plataforma de listones blancos con huecos ajardinados y hojas secas, fotografía de Guillermo Santos

Sin embargo, el asturiano no es un fotógrafo de arquitectura al uso, así que no se limita a plasmar interiores o edificios. Su campo de acción se extiende a obras menos habituales, como las instalaciones industriales. Quizá sea aquí, paradójicamente, donde su lectura de la realidad sea más sugerente. Unos enormes depósitos de gas que parecen sacados de otro mundo para pintar la soledad, o su serie «Paraíso industrial», en la que máquinas inmensas son las dueñas absolutas del territorio.

Depósitos esféricos de gas con manchas de óxido y columnas bajo un cielo azul, de Guillermo Santos

Esferas de almacenamiento con escalera metálica exterior bajo un cielo azul, de Guillermo Santos

Montículos de carbón negro en un parque industrial, fotografía de Guillermo Santos

Montículos de árido gris junto a una grúa roja, fotografía de Guillermo Santos

Su técnica, a medio camino entre el fotoperiodismo y el arte, rastrea la belleza hasta sacarla a la luz. Así, los vivos colores mexicanos rivalizan con el skyline neoyorquino o un plácido atardecer en el muelle de Santa Mónica. En palabras de Vitruvio, la firmitas y la utilitas se alían al otro lado de la cámara para fraguar una venustas notable. Unos principios clásicos que siempre funcionan.

Empire State Building y el perfil de Nueva York al atardecer, fotografía de Guillermo Santos

Muro blanco con el rótulo Ping Yuen, un coche y un peatón en la calle, fotografía de Guillermo Santos