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11 de junio de 2017
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Pedro Ferrer

The Blossom Project: modelando paisajes efímeros con nubes de color

Hay obras que se miden en años y otras que se miden en segundos. «The Blossom Project» pertenece a las segundas: una bomba de humo se abre en mitad de un paisaje, el color se despliega como una corola y, antes de que el viento lo disuelva, queda atrapado en una fotografía. Detrás de esa floración de un minuto están los fotógrafos franceses Isabelle Chapuis y Alexis Pichot, que firman a cuatro manos, sin repartirse la autoría de cada imagen.

El título no es casual. Blossom es floración, el instante en que algo se abre. Y eso es lo que hacen sus nubes: brotan del suelo, crecen, se curvan sobre sí mismas y se marchitan, todo en el tiempo que tarda una flor en ser apenas una idea de flor.

Nube de humo rosa sobre un campo de trigo en The Blossom Project, de Isabelle Chapuis y Alexis Pichot

Una calle de París teñida de rosa

La serie empezó casi por accidente, a principios de 2012, con una sola imagen: una cascada de humo rosa descendiendo por una calle de París. La pareja la presentó a un concurso fotográfico con el lema «Paris, je t’aime», obtuvo el segundo premio y decidió seguir tirando del hilo. Lo que había sido un gesto urbano, casi un juego, se convirtió en un método para leer territorios enteros.

Desde entonces el humo ha viajado por Francia, España, Bélgica, Noruega, Turquía, Marruecos, Estados Unidos, México y Guatemala. En cada lugar el color cambia de sentido: sobre la sal es un pigmento suspendido en el vacío; sobre el agua, un reflejo que duplica la nube; en un desierto de piedra, una columna que parece salir de la tierra misma.

Humo rosa reflejado en una masa de agua entre rocas blanquecinas en The Blossom Project
Columna de humo rosa sobre un terreno árido con montañas al fondo, en The Blossom Project
Nube de humo azul intenso sobre una llanura blanca de sal en The Blossom Project

El humo como impulso

Los autores han explicado que entienden el humo como la manifestación visible del impulso creativo: un chispazo que no se puede repetir y que deja en la forma la huella de la prisa. Cuando detonan la bomba tienen un minuto, quizá dos si el viento es clemente, para fotografiar la estela antes de que desaparezca. No hay segunda toma. Por eso las imágenes conservan algo de urgencia, de respiración contenida.

A menudo colocan el artificio donde ni la mano ni la mirada humana llegan con facilidad, y en algunas series, con apoyo de Nikon, llegaron a soltar las bombas desde drones, muy por encima del suelo. El resultado tiene algo de nube caída o de aparición: una masa de color que no pertenece al lugar y, sin embargo, lo revela. Como los niños que buscan figuras en el cielo, ellos mismos dicen ver formas en cada humareda.

La celebración de la tierra y de su potencial creativo convive en la serie con una conciencia de su fragilidad. Junto a los paisajes abiertos aparecen naves industriales vacías, estructuras de hormigón a medio derruir, lugares donde la huella humana ha quedado como un esqueleto. Allí el color no decora: ilumina el abandono, lo hace habitable durante un instante.

Nube de humo anaranjado dentro de una nave industrial abandonada, en The Blossom Project
Humo naranja que sale de una escalera de madera sobre una playa de marea baja, en The Blossom Project

Dos miradas y un minuto

La colaboración une dos procedencias distintas. Isabelle Chapuis llega del retrato, de un territorio a medio camino entre el arte y la moda, atento a la piel de las cosas. Alexis Pichot, que también ha firmado como Alex VI, viene del light painting en el espacio urbano, de dibujar con luz sobre la arquitectura de la noche. En «Blossom» ambas maneras se encuentran: el retrato de un lugar y el trazo efímero sobre él.

Hay una relación evidente con el land art, con esas intervenciones que alteran el paisaje para que lo veamos de nuevo, como las proyecciones de Javier Riera sobre árboles y montes o las obras reunidas en SMACH, entre los Dolomitas. Pero aquí la intervención no deja rastro físico alguno. Solo permanece la fotografía; el paisaje vuelve a su silencio un minuto después.

La serie salió también de la pantalla. Se mostró en el Mes de la Fotografía de París y en los Encuentros de Arles de 2014, donde las imágenes se instalaron a gran escala en el espacio público, sobre las fachadas de la ciudad, y en París llegaron a imprimir una copia de doce por tres metros. El humo, que en el paisaje dura un minuto, se quedaba así adherido a los muros durante semanas.

Humo magenta bajo la estructura de hormigón de una nave industrial en ruinas, en The Blossom Project
Humo violeta entre un grupo de personas en una pista de cemento, en The Blossom Project
Nube de humo rosa bajo un cerezo en flor sobre un suelo cubierto de pétalos, en The Blossom Project

Paisajes que florecen y se apagan

Lo que interesa de «The Blossom Project» no es solo la belleza del color, sino la manera en que convierte el tiempo en materia. Cada nube es un volumen sin peso, una arquitectura que se construye y se desmorona ante la cámara. Como en la pintura de luz de Stephen Knapp, el color ocupa el espacio sin tocarlo. Y la última imagen, una nube rosa bajo un cerezo en flor, sobre un suelo cubierto de pétalos, cierra el círculo: la floración artificial junto a la verdadera, las dos condenadas a durar poco, las dos más intensas por eso mismo.

Ficha

  • Obra: «Blossom» (The Blossom Project), serie fotográfica iniciada en 2012
  • Autores: Isabelle Chapuis y Alexis Pichot (Isabelle & Alexis)
  • Lugares: Francia, España, Bélgica, Noruega, Turquía, Marruecos, Estados Unidos, México y Guatemala
  • Exposiciones: Mes de la Fotografía de París; Encuentros de Arles, 2014